La pandemia y la guerra de Rusia contra Ucrania serán recordadas en la historia como los hechos que impulsaron el fin de un ciclo, un cambio de era que comenzó con la caída del Muro de Berlín, dio paso a tres décadas de crecimiento económico, y hoy muestra síntomas de fatiga.
Si durante los últimos 40 años la atención global se concentró en el Asia/Pacífico, esa centralidad está fracturada y ha dado paso a un sismo de magnitud en la política internacional. Lo que asoma es una novedad: un mundo más cambiante, menos rígido y menos predictivo. Tan visible como palpable es el surgimiento estos años de un mundo más multipolar, con más centros (países) gravitantes y agendas con nuevos ejes. Las causas son múltiples, variadas, independientes y autónomas unas de otras: incertidumbre ambiental, transición energética, (in) seguridad alimentaria, vulnerabilidad de los corredores marítimos, etc. Es decir, la atención global se ha vuelto hacia regiones que ofrecen soluciones, ya sea porque concentran recursos o se ubican en geografías estratégicas.
Entre los más destacados, Magallanes y Antártica chilena configura un ecosistema geopolítico de especial atención global, rica en atributos y recursos. Un territorio inmerso en una de las regiones que despierta más atención (y ambición) de las grandes potencias, y que por lo mismo requiere con urgencia el despliegue de un paquete de iniciativas y decisiones políticas del Estado chileno, que fortalezcan el control político en toda su cadena física. Proyectar una posesión efectiva con vocación soberana, es una urgencia y un deber de Estado que no se visualiza con nitidez en las acciones, tanto del gobierno como del gobierno regional.
Los equívocos respecto del estatuto legal del estrecho de Magallanes, o en la fijación de deslindes orientales del Parque Marino Islas Diego Ramírez y Cabo de Hornos, se proyectan en la absurda inacción respecto de la defensa de nuestra plataforma magallánica, o en el desorden estratégico con que se avanza en la paralización de la región (casi el 60% del territorio). También en una descuidada política respecto del uso del mar patrimonial magallánico, que calza con el abandono y negligencia estratégica con que se gestiona Tierra del Fuego y nuestras islas australes. Las políticas públicas aplicadas en nuestra región expresan la desprolijidad, un sesgo centralista dentro del regionalismo, intereses corporativistas, falta de equilibrios y de visión de conjunto. Decisiones que además descansan sobre una matriz con una muy escasa legitimación democrática local. Si hay un actor ausente en las decisiones sobre Magallanes y Antártica Chilena es justamente la comunidad magallánica.
Ejemplo de lo anterior es el anunciado viaje del P residente Boric a nuestra Antártica. Encomiable esfuerzo, pero limitado en sus efectos reales, si con ello se pretende fortalecer y dar viabilidad a la presencia chilena en el continente blanco, o aún más, encaminar a Chile como un jugador de peso. Meses atrás viajó el presidente argentino a la Antártica, pero no como un hecho aislado, sino que, como sello de una estrategia consistente, lineal y de largo aliento, que desde hace décadas empeña recursos por convertir a su provincia más austral, Tierra del Fuego, en un brazo político musculoso y presencial de la política antártica argentina. Entre Punta Arenas y la Antártica hay 1.200 km., 13.000 habitantes, zonas deshabitadas, ausencia de Estado, de caminos y el imperio de una doctrina universalista que aspira a adueñarse del Chile al sur del Estrecho de Magallanes para convertirlo en su propio jardín botánico. En cambio, entre Río Gallegos y la Antártica hay algo más de 1.300 km., 250.000 habitantes, ciudades, aeropuertos internacionales, puertos, Universidades, hospitales, caminos y una doctrina territorialista de vocación soberana alérgica al ambientalismo universalista que campea en Chile.
No hay región en el país más internacional, menos comprendida, más desafiante y expresiva de los déficits de las políticas públicas que nuestra región de Magallanes y Antártica chilena.
Provocar el cambio es nuestra tarea. A ello nos dedicaremos en los próximos años.