En
los últimos meses han aparecido en los medios ONGs, científicos y
ambientalistas solicitando detener el desarrollo de megaproyectos de
hidrógeno verde en Magallanes por los potenciales efectos que podrían
tener la construcción de parques eólicos en las rutas migratorias de las
aves. Señalan que ecosistemas frágiles
como la estepa patagónica podría sufrir una pérdida severa de sus
servicios ecosistémicos, pero ¿qué evidencia se tiene al respecto y qué
acciones se pueden realizar para mitigar el impacto?, ¿es necesario
paralizar obras que nos permitirán lograr cumplir con las metas pactadas
de descarbonización?
De
acuerdo con un documento de 2013, en Estados Unidos, la mortalidad
media anual por colisión de aves fue de 5.25 por turbina por año y
estudios recientes en Chile central muestran una tasa de colisiones de
0,6 a 1,8 por aerogenerador por año. Cada parque eólico tiende a ser
diferente como resultado de la topografía, clima, uso de la tierra, las
especies que transitan y las características del aerogenerador. Sea cual
sea el número final, es esencial poner en contexto el impacto de las
turbinas eólicas en la mortalidad, al considerar otras amenazas
antropogénicas. Las colisiones con otras estructuras creadas por el ser
humano, como edificios de vidrio y vehículos, matan a cientos de
millones de aves cada año. Los gatos domésticos son otra gran amenaza,
causando la muerte de entre 1.3 y 4 mil millones de aves al año solo en
los Estados Unidos. En comparación, las muertes por turbinas eólicas
parecen ser una proporción mucho menor, sin embargo, este análisis no
disminuye la importancia de abordar la cuestión de fondo, sino que
destaca la necesidad de una solución integral a la interacción
humana-vida silvestre.
Variados
avances científicos permiten hoy mejorar la planificación, diseño,
construcción e implementación de los campos eólicos. Se puede, por
ejemplo, optar por otro tipo de generadores eólicos con menor impacto ambiental,
como los aerogeneradores verticales y los generadores sin aspas. Está
también el ejemplo neerlandés de Borssele y Egmond aan Zee, parques que
apagaron sus turbinas durante cuatro horas para garantizar el paso de
aves y que redujeron la velocidad de los aerogeneradores a un máximo de
dos revoluciones por minuto durante el peak de migración nocturno
previsto. O los resultados de un estudio recientemente publicado por
expertos del Instituto Noruego de Investigación sobre Naturaleza quienes
redujeron en un 70% el número de accidentes mortales en Smola al pintar
una de las tres palas de los aerogeneradores manteniendo las otras dos
del color blanco habitual. Otra de las soluciones exitosas es la luz
ultravioleta, que puede ser detectada por diversas aves. También se pueden utilizar sistemas sonoros de alerta, como los implementados en aeropuertos.
Existen medidas económicamente viables y ambientalmente benignas que pueden utilizarse para reducir el riesgo, tenemos que ser capaces de
encontrar soluciones y producir las energías renovables que permitan
combatir el cambio climático que afecta a la supervivencia de todas las
especies. Está claro que el desarrollo debe no ser perjudicial para el
ambiente y las comunidades, pues es posible, a través de la
investigación y la ciencia disponible, cuidar a las aves migratorias y
fomentar al mismo tiempo el uso de energías renovables de forma
responsable.