En este especial fin de semana de doble jornada de elecciones, puede resultar de particular interés detenernos en algunos temas que están permanentemente en la agenda pública y probablemente, por estas horas, más que nunca.
A propósito de que el 31 de octubre se celebra el Día Mundial de las Ciudades de acuerdo al calendario de la Organización de las Naciones Unidas, propongo algunas materias que deberíamos tener siempre en cuenta al momento de visualizar y planificar nuestras comunidades para los próximos años, a partir de un enfoque desde la pedagogía y la educación pública como ámbitos clave desde donde mirarnos como comunidad.
Sin ninguna novedad en el frente pero con el interés propio de convivir en un contexto de permanente transformaciones urbanas y sociales, puede ser conveniente volver sobre algunos aspectos vinculados a nuestras comunas, a partir de la educación como derecho y herramienta para el desarrollo equitativo, sostenible y la planificación de ciudades más inclusivas.
Desde nuestro rol de educadores de ciudadanas y ciudadanos conscientes, podemos y tenemos la misión de hacer de las aulas, un espacio formador de espíritus comprometidos en la búsqueda de comunidades preocupadas por un crecimiento responsable. Puede ser que, desde la educación, se impulse la forma de enfrentar los desafíos de un mundo globalizado y permanente cambio.
Si la Premio Noble Gabriela Mistral, nunca dejó de entrelazar su labor de educadora con la de ciudadana preocupada por el entorno social, no podemos hacer menos que, asumir ese mensaje y llevarlo a la acción a través de la promoción de valores que permitan contribuir en la construcción de ciudades respetuosas por el medio ambiente y la inclusión, aspectos relevantes para la conformación de las ciudades.
Vivir en una región extrema bajo un ecosistema antártico y subantártico es realmente una bendición, y al mismo tiempo un compromiso. Desde aquí, podemos ver quizá con mayor claridad algunas de las consecuencias del cambio climático, o cómo el desarrollo debe ir de la mano con la sustentabilidad para no afectar nuestro prístino entorno.
Los contenidos curriculares deberán adaptarse a estos propósitos incorporando nuevas temáticas, porque como ha señalado la Unesco, la educación para el desarrollo sostenible es fundamental en la preparación de las nuevas generaciones para enfrentar los desafíos que presenta el crecimiento y desarrollo urbano.
Así es como la educación en Magallanes, debe estar vinculada con esos objetivos necesariamente y puede ser un gran desafío que debemos asumir entre todos. Tomando a Paulo Freire, la educación debe transformar y hacer de los estudiantes, sujetos activos de estas transformaciones que apunten a mejorar la calidad de vida de las personas.
La participación ciudadana es clave, y debemos partir por promoverla desde las aulas. Incluir a los estudiantes desde la primera escolaridad en adelante en proyectos urbanos locales, podría aportar nuevas miradas a los diseños y a la planificación. Esta integración de sus opiniones puede ser un ejercicio valioso para encontrar nuevas respuestas a los nuevos desafíos territoriales.