Magallanes primero

Que duda cabe que los representantes de la derecha o izquierda regional obedecen a los designios partidarios de Santiago. Que duda cabe que en nuestro Estado unitario, presidencialista y altamente centralista, se designan no pocas autoridades de nivel regional con escasa luz de sus competencias,  resultado de un algoritmo de cuoteo, lealtad partidaria, servidumbre a un patrón, intercambio de prebendas, dosis de ambición personal y necesidad económica capaz de relativizar estándares éticos.  Sin embargo, los ciudadanos esperan y requieren de sus representantes políticos bastante más, al menos un piso… el deber genuino de servidores públicos con su región. Un siglo atrás, notables personas como Manuel Chaparro, Emilio Turina, Ernesto Pisano y tantos otros dieron un ejemplo de visión y compromiso con Magallanes. Fruto del esfuerzo y coraje de estos hombres se recuerda uno de los primeros documentos que sentó la estrategia de desarrollo del territorio de Magallanes, la fundación del Partido Regionalista de Magallanes o la propuesta al Presidente Ibáñez para que Magallanes fuera reconocido administrativamente como Provincia de Chile, lo que permitió, a la postre, que los magallánicos eligieran por primera vez representantes al Congreso en 1933. A pesar de la gran resistencia de Santiago y sus cómplices locales de aquellos años, no acallaron los anhelos de gozar mayor grado de libertad en la búsqueda del bien durante la primera mitad del siglo XX. Actualmente, los personajes (con otras caras) se repiten defendiendo el status quo y el confort de sus cargos públicos, son poco sofisticados y menos emprendedores, escasos en ideas nuevas y aún más temerosos de cuestionar o averiguar demasiado, están ocupados calculando las conveniencias personales para conservar o ganar más acciones de la “empresa” CVA SpA (Cómo Voy Ahí Sociedad por Acciones). Claramente, el mayor valor de esas acciones no tiene relación con el futuro de Magallanes, el bien individual y colectivo de sus habitantes. Lamentablemente, los liderazgos políticos versan más sobre egos, protagonismos mezquinos y proyectos personales que de ideas que nos unan para avanzar en la solución de los problemas regionales, lo cual aleja cada vez más a la gente común de la política reflejado en la escasa participación ciudadana en las votaciones. La desconfianza prima, lo que debilita los cimientos de la misma democracia. Muchos magallánicos desconocen aún que el próximo año se celebran elecciones de Gobernador Regional, su relevancia práctica y conceptual para el futuro regional. Los políticos de siempre están preocupados si deben o no renunciar a sus cargos para ser candidatos, si estarán bien definidas las competencias y facultades del cargo para lograr evitar el esfuerzo de tener una visión que proponer y desarrollar, y seguramente todavía más inquietos por el posible salario a percibir. Por el contrario, Magallanes necesita reunir voluntades capaces de afrontar los desafíos, requiere múltiples y renovados liderazgos determinados a conducir a la región por el sendero del emprendimiento, tolerancia y pluralismo. La ruta no es fácil, y son exclusivamente los magallánicos los que pueden y deben ser dueños de su destino.

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