Probablemente la falta de accesibilidad siga siendo una de las principales dificultades que deben enfrentar las personas con discapacidad en Chile y también en Magallanes. La falta de adaptabilidad, por diferentes razones, en edificios públicos, centros comerciales y en el transporte, continua siendo un obstáculo importante en las vida de las personas con movilidad reducida.
La mayoría de las veces debemos esperar que surja algún tipo de denuncia o hecho mediático, para volver a prestar atención a la necesidad de revisar qué tan inclusivas y accesibles son las ciudades y nuestros entornos.
De acuerdo con el Tercer Estudio Nacional de la Discapacidad, en Chile, el 17% de la población tiene discapacidad. Esto corresponde a más de 3 millones de personas. De ellas, más del 11 por ciento posee una discapacidad severa. Otro dato que emana del estudio, señala que la prevalencia de la discapacidad es mayor entre las mujeres que entre hombres. Un 20,4% y un 13,6%, respectivamente.
El uso de los espacios públicos, el transporte, el acceso a servicios en general y a la salud, se puede transformar en una compleja odisea para una persona con discapacidad. No estamos descubriendo nada nuevo aquí, sin embargo, no por ello podemos dejar de promover una vida más justa e inclusiva.
El no dejar de abordar estos temas, como acto reivindicatorio, puede permitirnos no olvidar que todavía tenemos muchos desafíos como sociedad que resultan relevantes para avanzar en la construcción de una sociedad mejor.
Cómo es la realidad de la discapacidad en Magallanes? Bueno, de acuerdo con la información oficial disponible, en nuestra región, un 9,3% de la población adulta son personas con discapacidad, proporción menor que el porcentaje de la población nacional.
En esta parte del país, del total de las personas en situación de discapacidad,
3,3% son personas con discapacidad leve a moderada, y un 6% personas con discapacidad severa.
Junto con la accesibilidad, el desempleo es otro aspecto relevante en Chile y también en Magallanes. Falta de oportunidades, precariedad o poca disposición para la promoción de espacios laborales inclusivos, continúan perjudicando el acceso al trabajo de calidad.
Como siempre, las escuelas pueden ser agentes transformadores fundamentales en materia de inclusión. Aquí la formación, los aprendizajes y la capacitación de los miembros de las comunidades educativas pueden ser grandes aliados en esta misión.
Mejorar el acceso a la educación y formación profesional, superar el prejuicio y la estigmatización, y la posibilidad de ocupar puestos de liderazgo y decisión, nos invitan a no olvidar que tenemos como sociedad temas pendientes que resolver y que requieren un compromiso transversal, con participación de todos los sectores, para poder hablar de comunidades más justas y equitativas.