Magallanes y el multilateralismo

Se
acercan las elecciones de noviembre y los medios comienzan a poblarse
de columnas y “cartas al Director” que insisten en el camino del
multilateralismo. Se prometen “avances” en un generoso abanico que
incluye la protección del medio ambiente, la innovación científica,
nuevos derechos para todo tipo de “minorías”, amén de la recuperación de
la antigua y nunca alcanzada “unidad latinoamericana”. Como es
costumbre la mayoría de esos artículos y “cartas” están escritas desde
el cliché del “querer ser” antes que desde, simplemente, “el ser”, esto
es: la realidad de cada país, de cada sociedad y, muy importante para
nosotros, de cada comunidad regional. Desde 1990 Chile implementó una
política exterior de “reinserción internacional” que, tanto en el ámbito
bilateral como multilateral, implicó la suscripción de acuerdos de
cooperación política, económica, comercial, científica, integración
bilateral, e incluso, de cooperación militar. Ejemplos de lo anterior
son los completos Acuerdos “Marco” (1997) y de “Asociación” (2002) con
la Unión Europea. Sumados esos instrumentos ofrecen a servicios
públicos, empresas, academia, g
remios,
etc. una gran diversidad de mecanismos de colaboración, traspaso de
conocimientos, tecnologías, etc.. Parte fundamental de esos acuerdos fue
publicada en el Diario Oficial, esto es, es parte de nuestro
ordenamiento interno. Comparado el volumen de acuerdos y mecanismos
internacionales disponibles, el aprovechamiento material y mensurable de
los mismos es modesta, especialmente a nivel de las regiones extremas
del país. Quizás el logro más evidente de tales acuerdos está reflejado
en su instrumentalización para reorientar de la agenda internacional de
Chile. Si hasta circa 2006 esa agenda enfatizó, primero, la cooperación
política y, luego, la cooperación comercial y económica (con un
componente de ciencia y tecnología), a partir de ese año se volcó hacia
los organismos multilaterales para practicar un universalismo que, para
“el ciudadano de pie”, ergo, “el contribuyente”, ofrece beneficios
difíciles de mensurar. En el caso de Magallanes la transformación del
68% de la Región en “espacios protegidos”, la implementación de
políticas esencialmente declarativas de “discriminación positiva” de
ciudadanos en situación social desventajosa que ahora agrupan bajo la
denominación ¨pueblos originarios” (un argumento peligrosamente
“racista”), contrasta con el olvido de los mecanismos de cooperación
disponibles para la mejor comprensión del extenso territorio y su uso
inteligente, amén del uso de la ciencia para la defensa de la soberanía
(Campo de Hielo Sur, plataforma continental). A nuestro juicio, lo
anterior constituye una “confesión de parte” de la inutilidad del
multilateralismo. Tampoco han ofrecido resultados mensurables las ONGs
multilateralistas, chilenas y extranjeras, que se han beneficiado de
miles de millones de pesos aportados por el Fisco nacional y regional,
pero que a diferencia de los servicios del Estado, no rinden cuenta
pública ni documentada de los recursos recibidos. Para los
contribuyentes el multilateralismo parte del “buenismo universalista”,
promovido y “gestionado” vía “proyectos” y “reuniones internacionales”
para el prestigio (y beneficio pecuniario) de sus promotores es, otras
vez y en el mejor de los casos, innecesario. Las próximas elecciones y
el proceso constituyente en marcha cambiarán la estructura y los énfasis
de la acción Estatal. En una nueva realidad deberemos estar atentos a
“distinguir entre la paja y el trigo”, y no dejarnos seducir por “cantos
de sirenas” que “prometen un mundo mejor”. Las necesidades concretas,
materiales, intelectuales y espiritua
les
de los habitantes del “sur más lejano del mundo” son distintas a
aquellas de las “élites buenistas” y sus “contactos internacionales”. La
normativa interna del país ya ofrece mecanismos de cooperación y
colaboración internacional. El desafío consiste en utilizarlos
inteligentemente para el beneficio mensurable del conjunto de la
comunidad. No necesitamos una nueva agenda multilateralista “gestionada”
desde organismos u organizaciones internacionales.

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