Magallanes y la cumbre del clima 2021

Hace
una década expertos en la historia del clima y el modelamiento
matemático conformaron el consorcio ERA CLIM para construir una base de
datos mundial, y reconstruir el comportamiento del clima de la tierra a
partir del 1 de enero de 1899. Con los años ERA CLIM desarrolló una
aplicación denominada “re-análisis” que “ilumina” los cambios que a
nivel hemisférico y regional ocurrieron y seguirán ocurriendo en el
ámbito del llamado “cambio climático” (en realidad “cambio ambiental”).

Ese
re-análisis señala que el “cambio ambiental” se “expresa” en el aumento
de la frecuencia e intensidad de “eventos de clima extremo”, por
ejemplo, tormentas que provocan inundaciones y deslizamientos de tierra
o, también, olas de calor sobre territorios afectados por sequías
prolongadas y recurrentes, generando incendios como aquellos que en
2017 en la zona central terminaron con miles de hectáreas y pueblos
calcinados: Un espectáculo “dantesco”, en el sentido del “Infierno” de
la “Divina Comedia” del Dante, que en el extremo austral de América
también nos evoca episodios como aquellos de “marea roja”.

Observados
desde la seguridad y el bienestar de las personas, de la sostenibilidad
de las actividades económicas, de la resiliencia de la infraestructura y
de la conservación de los ecosistemas, lo anterior tiene importancia
fundamental, pues el principal “impacto” del “cambio amb
iental” es el caos. En todos los ámbitos “el caos es caro”.

De
importancia es que herramientas tales como el re-análisis ERA CLIM
están disponibles para que gobiernos locales (en nuestro caso el
Gobierno Regional) se aproximen a los impactos concretos y materiales
del cambio ambiental en sus propios territorios.

Con
su componente Antártico, Magallanes es quizás la región de Chile de más
alto perfil ambiental: más del 60% de nuestra geografía está afecta a
algún régimen de protección legal. Esto, sin embargo, no protegerá del
caos ambiental a la Patagonia, la Tierra de
l Fuego, los archipiélagos al sur del Canal Beagle y a nuestro Mar Austral.

Magallanes
no está -porque no puede estarlo- ajeno a las alteraciones de la
circulación del mar y de la atmósfera que los “datos duros” y
herramientas tales como re-análisis podrían ayudarnos a comprender y a
mitigar.

En
2018 la Academia Chilena de Ciencias Agronómicas alertó que la falta de
datos y aplicaciones tecnológicas impedían comprender cómo el cambio
ambiental está progresivamente af
ectando
la sostenibilidad de la pradera natural magallánica. Sin importar el
número de decretos o reglamentos, a menos que actuemos de manera
proactiva, nuestra pradera natural seguirá disminuyendo su capacidad de
carga por hectárea afectando la sostenibilidad de la ovejería, aportando
al despoblamiento rural, a la pérdida del patrimonio histórico y acervo
cultural magallánico, y profundizando las fronteras interiores (Río
Verde, Laguna Blanca y San Gregorio fueron las comunas que -a nivel
nacional- en el período intercensal 2002-2017 perdieron más habit
antes).

Tiempo
atrás un colega diplomático experto en las Conferencias de las partes
de la Convención sobre el Cambio Climático (COP) comparaba esos eventos
con “el circo de la fórmula 1”. Se trata, indicó, de un evento mediático
espectacular, transmitido

“en directo” por todas las televisoras del mundo (y ahora también por
“influencers”), que convoca líderes, celebridades, “performers” y
“promesas” de todo el planeta, pero cuyos resultados no dejan contentos a
los espectadores. La COP 26 que ahora se desarrolla en Glasgow no es
una excepción.

El
futuro de una región única y “extra muros” como Magallanes y Antártica
Chilena debe esperar poco de estos “eventos globales”. Ni el bienestar
de nuestra población ni de nuestros ecosistemas depende de acuerdos
multilaterales: depende de nosotros. Esto -lejos de ser una desventaja-
constituye una ventaja estratégica. Son los propios magallánicos

los que deben ocuparse de conocer y conservar su geografía, y
reglamentar in situ el uso inteligente y a largo plazo de los recursos
naturales que les son propios.

En
el contexto del proceso de descentralización y de participación pública
ya en marcha, los ciudadanos del Magallanes deberían ser quienes se
aboquen a conocer su Región para conservarla y habitarla de manera que
las próximas generaciones tengan el mismo privilegio que hemos tenido
nosotros: vivir en lugar único y seguro de la tierra.

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