Make Chile Great Again

Año
2016 y las elecciones presidenciales norteamericanas estaban al rojo
vivo. Por el lado de los demócratas competía Hillary Clinton mientras
que, por el lado de los republicanos, hacia su estreno en la política
activa el millonario Donald Trump.

En
aquellos tiempos Estados Unidos, que había sido gobernado durante 8
años por Barack Obama, tuve de dulce y de agraz, pero hubo una cuestión
que exacerbo los ánimos y que Trump supo usar muy consistentemente a su
favor: el fenómeno de la migración.

Entre
otros, el ya mítico “Make America Great Again” apuntaba a esa idea
inspiradora de recuperar Norteamérica, su productividad, su economía, su
capacidad de generar empleo, un sistema de salud robusto, la seguridad
en las calles, barrios y ciudades, pero por sobre todo poner a los
estadounidenses en el centro, quienes ante la llegada masiva de
migrantes fueron quedando relegados en desmedro de éstos que fueron
beneficiarios de una serie de ayudas estatales.

Esa
sensación de degradación de la nación, de postergación, frustración e
incapacidad de poner primeros en la final a quienes nacieron en esas
tierras, o migrantes que llevaban muchos años en Estados Unidos previo a
esta movilidad demográfica sin precedentes generada por la
inestabilidad de naciones principalmente latinoamericanas donde a la
histórica situación de Cuba ahora se sumaba la crisis en Venezuela, hizo
despertar el espíritu y sentimiento nacionalista en los
norteamericanos.

Algo
similar a lo ocurrido en Estados Unidos (pero guardando las
proporciones) podría ocurrir en los próximos comicios presidenciales en
Chile.

Porque
desde el “estallido” del 18 de octubre de 2019 lo cierto es que este
país dejó atrás su esencia, su espíritu patrio y una serie de símbolos o
señales de las cuales, otrora, estábamos orgullosos. Quizás no son
pocos quienes, a estas alturas, añoran el Chile que vivimos hasta el 17
de octubre de aquel año donde, sin ser perfectos, evidenciábamos algo
más de cordura y sentido común en nuestro actuar y toma de decisiones.
Del mundo político poco y nada podemos esperar: políticos son y serán
siempre políticos. Pero nuestra sociedad, a mí modo de ver, involucionó
en vez de avanzar.

Por
esta razón, aquella candidatura presidencial que logre concitar la
frustración, la rabia, la decepción, la inseguridad, el sentir de
malestar y la desafección que asolan a las personas logrará, sin lugar a
dudas, aglutinar y convocar a un electorado mayoritario que hoy afirma
sentirse en la mismísima orfandad sin decidir aún su carta presidencial.
Y si bien las alternativas a llegar a La Moneda no son las mejores
(quizás las más mediocres desde el retorno a la democracia) lo cierto es
que hay un sentimiento común que está en el ambiente, latente, que
existe, pero del que nadie se ha hecho cargo: volver a hacer de Chile
una nación próspera, fecunda, estable y libre. Una nación donde ver
flamear la bandera nacional o interpretar el himno patrio no sea
sinónimo de “ultraderecha” sino parte de nuestra identidad ya sea como
hijos nacidos en esta tierra como quienes llegar a nuestro país, desde
el extranjero, en busca de mejores oportunidades para ellos y sus
familias.

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