Este
lunes la Convención Constituyente comenzó a redactar la nueva
Constitución. En nuestra nueva Carta Magna se deberán plasmar nuestros
derechos y obligaciones, un reconocimiento a las múltiples naciones que
conviven en nuestro territorio, la definición de las condiciones de
convivencia en nuestra sociedad y las formas de organización y
representación que tendremos, entre otros tópicos. Con ello se deberá
discutir la continuidad de las autoridades que este año elegimos, aunque
a algunos no les guste. Nada nuevo por lo demás: en el mes de julio, en
relación a las primarias de Unidad Constituyente y la definición de
candidaturas, escribía sobre la necesidad de que nuestras mandatarias y
mandatarios, así como nuestro programa, deberían condicionar su
permanencia a los cambios que exige Chile a través de una nueva
Constitución. Facilitar el tránsito al nuevo Chile es fundamental y la
permanencia de nuestros mandatarios no puede ser un obstáculo.
El
vicepresidente de la Convención, Jaime Bassa, causo polémica al señalar
que la nueva Constitución podría establecer un régimen transitorio y
llamar a elecciones parlamentarias y presidenciales de forma anticipada.
Inmediatamente el Gobierno salió a desmentir esa tesis e indicar que la
institución no tiene potestad para hacer ese tipo de modificaciones. El
ministro secretario general de la Presidencia, Juan José Ossa, recordó
que hay límites que están expresamente establecidos en la reforma
constitucional que dio vida a la Convención. Y algo de razón tiene, pero
solo parcialmente, porque la reforma establece que la nueva
Constitución no podrá poner término anticipado al período de las
autoridades electas en votación popular, salvo que aquellas
instituciones que integran sean suprimidas u objeto de una modificación
sustancial. Y he aquí el centro de la discusión.
Sin
duda suprimir instituciones o hacer modificaciones sustanciales es
parte de las discusiones que deberán realizarse en la Convención. Sin
embargo, en campaña cerca del 80% de los constituyentes electos se
inclinaba por un Congreso unicameral y por un régimen semipresidencial;
por tanto, uno podría inferir que hay
una fuerte posibilidad que ese escenario se concrete. Es decir, si se
decide disolver el Senado, y se crea una sola Cámara parlamentaria,
sería posible convocar a elecciones en forma anticipada. De igual forma,
migrar hacia un sistema semipresidencial, en donde el presidente
comparte el poder con un primer ministro, podría interpretarse como una
modificación sustancial, de esta forma podría ponerse fin al mandato del
presidente o presidenta electa y llamar anticipadamente a elecciones.
Lo
cierto es que en la Convención está todo en revisión, y esto es
fundamental para darle a Chile un nuevo sistema político que devuelva la
confianza en la institucionalidad, entregando más democracia y
participación, y así satisfacer las necesidades demandadas por la
ciudadanía. Definir la transición y los plazos a la nueva Constitución
es parte de tarea de nuestros constituyentes y será una decisión
autónoma de la Convención y de su Pleno. Al comenzar, este lunes,
la discusión del contenido de la nueva Constitución se da un paso
adelante hacia un nuevo Chile, con transformaciones importantes que
buscan satisfacer las necesidades de democracia, igualdad, participación
y género. Lo mejor está por venir.