Mar (presencial) magallánico y nueva Constitución

A Magallanes lo bañan el Océano Pacífico y la corriente circumpolar antártica.

Ambas
definen su clima, agricultura, gastronomía, literatura y el carácter
social de sus habitantes. Un mar que sostiene la proyección
internacional de Magallanes, aportándole robustez marítima y antártica
al país.

Sin Magallanes, Chile es sólo un espectador secundario, con Magallanes es un actor global de peso.

En
el mar magallánico confluyen masas de agua importantes para la
regulación climática global, albergando una ecorregión de alto valor
ambiental. El Frente oceánico Wellington, la Isla Madre de Dios, el área
Marina Francisco Coloane, el Seno Almirantazgo, la Bahía Lomas, el
Estrecho de Magallanes o el Cabo de Hornos, son expresiones de un mar
único en el mundo. Es el mar magallánico.

Sin
embargo, la pesca ilegal en el mar presencial magallánico, el uso de
antibióticos y la contaminación orgánica, el escape de especies
introducidas, el difícil equilibrio entre concesiones y destinaciones,
la falta de ordenamiento territorial y el contubernio entre ONG´s y el
Estado centralista, han despojado vastos sectores del mar magallánico a
nuestra soberanía regional, subastándolos al ecologismo profundo a
cambio de un par de monedas. El Parque Marino Cabo de Hornos será
recordado como el estandarte a la desprolijidad, a la soberbia de
algunos y como en el siglo XXI Chile entregó territorio magallánico a
Argentina.

La
futura Constitución debe entregar a Magallanes el poder de decidir el
destino de nuestro mar, nuestros recursos y sus compromisos
internacionales. También la de revisar los actos administrativos que
afectan al ejercicio pleno de la soberanía. Para eso, urge la creación
de un Consejo Regional del Mar magallánico que lo custodie.

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