El
tiempo transcurre inexorablemente, no estoy inventando nada, prueba de
ello, es el hecho que las ansiadas y esperadas vacaciones, han concluido
casi sin aviso, o al menos así parece. Los días de playa, campo, paseos
y distracciones se han terminado. Ya concluidas las festividades de
Pascua y Año Nuevo, las vitrinas y escaparates dieron paso a útiles y
uniformes escolares para ser exhibidos y de paso dejar en la retina lo
que se avecinaba concluyendo el receso veraniego. Y en la agenda se nos
instaló marzo, mes que tiene un sabor agridulce, por lo que significa
por un lado enfrentar los requerimientos escolares y por supuesto, los
compromisos clásicos de esta época, como el permiso de circulación y
otros.
A
esto, hay que sumarle la disyuntiva que el proceso de matrícula nos
genera y en donde la incertidumbre nos agobia por saber el resultado
final de la postulación hecha en su momento.
Por
otro lado y centrado más en el ánimo y espíritu de los estudiantes, las
ansias de iniciar el periodo académico para reanudar las relaciones con
los antiguos amigos y enterarse de las novedades que cada cual pueda
comentar. Y de paso por cierto, conocer y por qué no, cultivar nuevas
amistades e incorporarlas a ese grupo que con el tiempo se ha ido
ampliando y en donde ya el trato es como de una familia, mal que mal
compartimos alrededor de ocho horas diarias de lunes a viernes. No por
nada es el llamado segundo hogar.
Claramente
que las experiencias pueden ser muy similares para cualquier
estudiantes y al mismo tiempo con sus matices y particularidades, a las
que hay que prestar especial atención.
En
este período, el rol familiar y el entorno cercano de los estudiantes
resulta crucial para garantizar la mejor de las experiencias escolares
de las niñas, niños y jóvenes, para ello, es importante el
acompañamiento que se pueda hacer de los estudiantes en todo este
proceso.
Lo
propio hace la escuela e incluso la universidad, cuando ponen a
disposición diferentes herramientas que apuntan precisamente a hacer del
ingreso a las instituciones educativas, un momento agradable, donde los
niños y los jóvenes puedan potenciar sus relaciones interpersonales y
generar otras nuevas.
Sostener
un diálogo permanente, sin presiones, ser comprensivos, fortalecer las
confianzas, deben ser la forma en que las familias manifiesten este
apoyo socioemocional tan necesario siempre.
No
debemos olvidar que la emergencia sanitaria del coronavirus afectó de
manera transversal a la sociedad y el sistema educativo no fue la
excepción. La recuperación de su trabajo y rol, probablemente ha de
llevar un tiempo en normalizarse, por señalarlo de alguna manera, si
pensamos en que muchas de nuestras conductas se vieron modificadas como
consecuencia de la pandemia.
En
cierto sentido, las familias también retornan a clases al comienzo de
cada año, su contención y la articulación de redes de apoyo serán
fundamentales para el estudiante en este regreso a las aulas y para su
desempeño en general.
El
año escolar, puede transformase en toda una aventura, a la que
concurrimos con más o menos aspiraciones., con temores, expectativas y
también confiados de lo que somos capaces, dispuestos a poner lo mejor
de cada cual. Ya transcurridos los primeros meses, somos capaces de
visualizar qué tan bien nos puede ir o simplemente que la tarea
requerirá de un esfuerzo e interés mayor.
De
algo que está lo suficientemente claro, es que el año escolar se inició
y con él, las exigencias y compromisos se vuelcan para ofrecer al final
de él , un resultado óptimo y en donde familias o tutores, se sientan
plenos del esfuerzo desplegado y éste tenga como resultado final la
mejor experiencia en es