La
política nacional estuvo atada desde fines de los años ochenta a lo
sucedido en el plebiscito del 5 de octubre del año 1988. En esa
oportunidad se consultó al país si Augusto Pinochet continuaría como
Presidente de la República por ocho años más a partir de marzo del año
1990. La derecha estuvo mayoritariamente detrás del Sí a la candidatura
del General obteniendo el 43% de las preferencias, mientras el resto del
espectro político estuvo por el No. De ahí en adelante la izquierda
siempre blandió ese resultado como hito de una supuesta superioridad
moral frente a la derecha. Esto permitió que desde 1990 hasta el 2010
gobernara el país y lo modelara a su gusto. Este ciclo político que
viene desde el año 1988 se enmarca en todo caso dentro de otro ciclo
político mayor que comenzó el 11 de septiembre de 1973.
La
ultra izquierda pretendió torcer el destino del país en octubre del
2019, aprovechando el malestar de amplios sectores del país. Creyó ver
en ello la oportunidad de modelar la sociedad a su manera, tensionándola
y empujar por la fuerza física sus pretensiones. Estos hechos llevaron a
que el cambio de Constitución se percibiera como la solución de las
demandas ciudadanas. La izquierda obtuvo casi del 80% en las elecciones
de convencionales constituyentes y se aprestó a redactar un nuevo texto
constitucional a su imagen y semejanza. Llegó septiembre del 2022 y el
país rechazó con contundencia y claridad su propuesta. El resultado de
dicho plebiscito provocó un terremoto político, entre otras cosas porque
el Gobierno de Boric se la jugó intensamente para su aprobación. A
partir del 05 de septiembre del año pasado el Gobierno ha estado
descolocado, sin rumbo cierto, dando la apariencia de que está
gobernando, pero la herida no cierra. Estando convaleciente, el amplio
triunfo de las derechas el 7 de mayo pasado dejó por el piso al
gobierno, que hoy sólo atina a dar manotazos para mantenerse en pie.
De
aquí en adelante la referencia de la política nacional ya no será más
el plebiscito del 5 de octubre de 1988. De hecho para los jóvenes esa
fecha es desconocida y para los adultos jóvenes es sólo un recuerdo de
niñez sin mayor significación política. Pero no es sólo una cosa de
edad, sino ha quedado grabado por mucho tiempo más que la izquierda fue
dos veces derrotada ampliamente en democracia y por medio de elecciones
libres y transparentes. Ya no fue un golpe de fuerza que les derrotó,
sino la ciudadanía rechazó su ideario político y su forma pública de
actuar. Y esta circunstancia habrá modelado los años venideros y los
actores políticos se ubicarán según la adhesión que tuvieron al Apruebo o
al Rechazo.
Cuando
pasen unos veinte años o quizás menos, los hitos obligados que marquen
un nueva era de la política nacional serán los acontecimientos de
octubre del 2019, septiembre de 2022 y mayo y diciembre del 2023. El
Apruebo y el Rechazo será entonces el punto de partida y de referencia
desde donde la ciudadanía prestará más o menos apoyo a los partidos que
estuvieron por una u otra opción. El país entonces habrá dejado atrás el
plebiscito de octubre de 1988, que hoy es una fecha del siglo pasado,
un acontecimiento casi antediluviano, sin influencia alguna en la
política presente y futura. Esta circunstancia hará que de alguna manera
se oxigene la convivencia nacional, pues ya no estará contaminada por
acontecimientos que no ocurrieron en democracia. Las derrotas de la
izquierda, con todo lo pasajero que podrían llegar a ser, acontecieron
en democracia, con una ciudadanía informada y en elecciones ejemplares
¿Sí o no?