¿Cómo quisiéramos que todo fuera dulce? Que todo fuera a pedir de boca, de nuestro total agrado.
Cómo querríamos que todo el empeño puesto sea coronado, premiado con abrazos, aplausos, palmoteos, vivas, zapateos, premios o… medallas.
En estas semanas es de lo que más hemos sabido, de deportes varios, no solo de fútbol, sino ¡cuarenta! deportes o prácticas de deportes donde compitieron 6909 deportistas representando a 41 países, incluida la delegación de Guatemala, bajo la denominación Equipo de Atletas Independientes.
La mayoría de los deportistas que representan a sus países ha hecho de gran parte de sus vidas, en específico de la práctica de sus deportes, una actividad que les colma, que les satisface plenamente, algunos participan por primera vez en este tipo de competencias, o al menos en este nivel, otros van por la revancha, unos más por la validación de premios conseguidos en anteriores versiones.
Cualquiera sea la circunstancia, medie el punto de partida que sea, al día de su participación lo que ansían es hacerlo bien, superar la marca, el puntaje, el rendimiento anterior, llevarse el aplauso, los vivas, el triunfo, el reconocimiento ansiado, sino el premio, el pódium, la medalla, así lo logrado, es de dulce; y no solo lo es el primer lugar, la medalla de oro, así como no conseguirla, no ha de significar que el momento es agraz, un segundo o tercer lugar, no es necesariamente un disgusto, un sinsabor, un momento desagradable, conseguirlos, es de mérito.
En el caso de deportistas, un no triunfo es una instancia de análisis, de revisión de lo andado, para volver a intentarlo una vez más.
En otras circunstancias, las de la vida, la no consecución de un logro, de una meta, de un propósito, también debe significar un nuevo punto de arranque. Una nueva postulación, una nueva entrevista, una nueva práctica, hasta conseguir, por ejemplo, el puesto de trabajo deseado. Lo mismo, si se ha de concursar un proyecto, una idea que se plantea en pro de un mejor estar de la comunidad. Bien si se consigue, caso contrario, a perseverar, se ha dicho. No es el fin, es solo una meta más, hay otras en el devenir.
Un tiro penal elevado es solo una travesura, un tiro en el travesaño, igual, una partidura de labios, una herida en la frente, todos son incidentes, no es el término. No hay que abatirse, no hay que doblegarse, no hay que turbarse, no hay que confundirse, no hay que desalentarse. Es una experiencia más, los sueños son el dínamo, el motor, la motivación.
El error, la falta, la equivocación son meros accidentes, y han de constituirse en el mejor factor de aprendizaje. Nadie es infalible nadie es perfecto.
“Mientras no te rindas, aun todo es posible. Mientras sigas luchando, ningún combate ha terminado. Mientras sigas buscando, nada estará perdido”.
¡Vamos, vamos, chilenos! Este grito de aliento nos ha acompañado ya casi medio siglo en los más diversos escenarios deportivos en Chile, y en los puntos más apartados del planeta.
Escuchar o gritar un cehacheí es potente, es una inyección vitamínica a quienes participan en una competencia deportiva. No pocos reconocen, han reconocido que ese apoyo tiene gran valor en su rendimiento.
Raya para la suma, esta vez. Más de dulce que de agraz.