En
la semana se cumplieron dos años del movimiento social más importante
de nuestra historia. Acumulamos hastío durante largos años por tantos
abusos e injusticias sociales y se pudo evidenciar lo fuerte que somos
cuando nos unimos.
Y
dos años después salimos nuevamente a manifestarnos, pues pareciese
haber claridad de que la lucha sigue, que vamos avanzando y que no
podemos descuidarnos, pues es evidente que quienes están perdiendo el
poder están haciendo todo lo posible para detener los cambios sociales,
desde desacreditar la convención constitucional, difundiendo mentiras
(como por ejemplo que se subieron el sueldo), llamando a votar rechazo
en el plebiscito de salida cuando aún no se inicia la redacción y
también utilizando la antigua estrategia del terror, anticipando el
caos, “chilezuela”, etc.
Para
quienes no pudieron asistir, quiero contarles que marchamos nuevamente
de manera pacífica, cantando al unísono, con fuerza, rabia y al mismo
tiempo con la esperanza y seguridad de que los cambios son posibles
gracias a la movilización de los pueblos. Quedó demostrado que no nos
hemos dormido y que no estamos dispuestos a conformarnos con poco. Esta
vez vamos por las transformaciones de fondo, pues entendemos que ningún
maquillaje al sistema (estrategia de los treinta años) nos dará la
dignidad que merecemos. Y aunque no salga en los medios, quedan los
registros en las redes sociales de tantos y tantas que estuvimos y que
compartimos lo que realmente se vivió este 18 de octubre. Las redes
sociales se llenaron de fotos y videos de la alegría de volvernos a
encontrar en las calles, imágenes que poco se condicen con lo publicado
en los medios tradicionales de comunicación que se centraron en rayados y
barricadas.
Lamentablemente
la alegría no puede ser completa, pues hubo treinta y tres personas
fallecidas durante la llamada revuelta social, existen cinco mil
quinientas cincuenta y ocho denuncias de violación de los derechos
humanos, como tampoco las cuatrocientas setenta y seis denuncias de
delitos sexuales cometidas por agentes del estado y más de cuatrocientos
sesenta víctimas de trauma ocular.
Tampoco
se puede olvidar que aún hay compañeros y compañeras detenidas con
procesos viciados y que están pagando con su libertad el despertar de
Chile.
Aún
falta mucho por avanzar para conseguir la anhelada dignidad, como
también falta justicia y reparación. Aunque se intente desprestigiar la
movilización histórica que abrió el proceso constituyente, Chile ya no
es el mismo, pues hemos sido testigos en carne propia de la fuerza que
tenemos cuando nos unimos.