¡Vaya licencia idiomática que me otorgo! Escribir de manera hispanizada dos expresiones que han dominado de manera cada vez más amplia el espacio informático. Dos programas de suyo conocidos, utilizados quizás más de modo aficionado que profesional, pero a la larga o a la corta más de tres cuartos de los habitantes del planeta nos las hemos liado con ellos.
En varias oportunidades me he apuntado a la idea de que demos menos fomento a las métricas, a los números, a los datos estadísticos y, en cambio, otorguemos más espacio a las ideas, al conocimiento, a los saberes, sino a los sueños.
¿Cuál es primero, o cuál es más importante?
Por mi parte, lo tengo claro. Las ideas dinamizan todo, son la génesis. La data es un accidente, es decir, es la apuntación, es el registro, por ejemplo, de la crónica, es el dato cronológico, pero no es el quid.
El último siglo, estimo, ha dinamizado el dato, el crono, la fecha, y con ello, toda la métrica imaginable. Y así, las ideas han ido ocupando un espacio subsidiario, menor, curiosamente, menos relevante. Las humanidades, la filosofía, las ciencias sociales, las artes, todas, han sido capturadas por el dominio de los números, de las variables, de los cálculos, de las tablas, de las gráficas, y tanta otra expresión, guarismo o ¡algoritmo!
Es que en otro tiempo, no tan lejano, leíamos más, por Dios. Leíamos, vaya sí leíamos, o mandatados o por iniciativa propia. Era otro tiempo, sí. La opción humanista en el liceo era verdaderamente humanista. Hoy es más caricatura, pues está mediatizada por el auxilio de recursos informáticos o tecnológicos, y por la novedad del año, señores, la ¡inteligencia artificial! Me asusta, y pregunto, ¿algunas intervenciones, algunas decisiones tendrán origen humano, personal, o responderán en gran medida a auxilio o ayuda “artificial”?
Preguntas, no para el cuestionario del próximo censo, pero que igualmente acucian. ¿Cuánto dedicamos, o cuánto del tiempo diario se dedica a la conversación, al diálogo entre dos humanos de modo presencial? Esto, porque cada cierto periodo de tiempo, una semana, el móvil que portamos nos avisa si nuestra exposición (voluntaria, en todo caso) o nuestro uso de dicho instrumento disminuyó o aumentó (regularmente, es esto último).
En fin, si vacacionamos, podríamos dedicar más tiempo al trato humano, y menos a interactuar con una pantalla, sea de la dimensión que sea. ¿Acciones correctivas? Leer, pero en un libro de verdad, o un periódico de papel. Escribir, sí, escribir, ¡manuscribir!, aunque sea unos pocos párrafos, un mensaje, un poema… Jugar, jugar a las cartas, recurrir al naipe español, jugar escoba, brisca, truco (jugar solitario, ¡no!, esta vez). Si se trata del naipe inglés, jugar carioca, o póker, (con porotos, si hay poco metálico disponible). Jugar ludo, dama, o gato. Acompañar, en la cocina, y conversar, conversar, rememorar, preguntar. Si hasta saludar hemos olvidado hacer, busquemos esas fórmulas de buenas costumbres, ¡rescatémoslas!
En suma, más guord, menos eksel. ¡Intentémoslo!