Lamentablemente
las marchas de octubre 2019 quedaron en el olvido. Hablo de las marchas
de gente común y corriente, chilenos de todos los colores que clamaron
al establishment político solucionar los grandes desafíos del país en
materia de pensiones, acceso a la salud, educación pública de calidad,
seguridad en las calles e igualdad ante la ley. Hablo desde el recuerdo,
porque si bien las encuestas hasta ese mismo 18 de octubre NUNCA
mencionaron un cambio constitucional como prioridad de los ciudadanos,
fue la delincuencia y terrorismo desatado de la izquierda radical, las
astucia de los comunistas y amplistas, junto la concurrencia de un
Gobierno pusilánime que no supo sostener el Estado de Derecho y la
Constitución, tiraron por la borda las legítimas demandas sociales de la
inmensa mayoría del país para ser reemplazadas por una agenda
ideológica.
Como
resultado, se acordó un referéndum para reemplazar nuestra
Constitución, pensando que dicho proceso detendría el deterioro
institucional regresándolo al cauce democrático. Sin embargo, hoy me
llaman amigos y conocidos que votaron Apruebo o que ni fueron a votar
señalándome que se sienten defraudados y con desconfianza en el futuro.
Con todo cariño les digo que con ilusos, ignorantes, cobardes, faltos de
convicción o desidia de muchos ante una minoría intensa y vociferante,
vayan alegar a la FIFA. Esto es sin llorar diría el candidato comunista
Daniel Jadue a los emprendedores.
Estamos
asistiendo a lo que habíamos señalado anteriormente. Los que se dicen
luchadores sociales y representantes del “Pueblo”, antes de comenzar a
trabajar, ya presentaban su disgusto por los dos millones y medio de
pesos de remuneración y la necesidad de aumentar recursos para contratar
más asesores (Ojo: asesores para difusión en terreno. Es decir,
operadores políticos). La primera iniciativa por la Convención dominada
por la izquierda, fue la liberación de los “presos políticos de la
revuelta”. Desde ¿cuándo que los Constituyentes están mandatados para
presionar a otro Poder del Estado? O sea, ahora la urgencia está en
liberar a los delincuentes, formalizados o culpados por vandalismo,
saqueo, violencia, intento de homicidio, homicidio (Hernández Norambuena
asesino del senador Jaime Guzmán), terrorismo, secuestro y
narcotráfico… ¡Pero si son unos angelitos, son luchadores sociales!
Todos con prontuario tan largo como la Panamericana. Otro ejemplo es la
imposición de votaciones, ya que si el resultado no es del gusto de
algunos izquierdistas, anulan la votación demostrando cero apego a las
reglas. Es evidente que no hay intención de dialogo, si no pasar la
maquinaría en la Convención Constituyente y demoler nuestro Estado,
nuestros símbolos patrios como el himno nacional y la bandera… demoler
hasta los cimientos.
Mientras
tanto, el mazazo cae sobre los pobres que se multiplican, reflejado que
por primera vez en 20 años el índice de pobreza aumentó, pasando el
2017 de 8,6% de la población a 10,8% (2020). La pobreza extrema se
duplicó los últimos tres años. ¿Esa es la llamada DIGNIDAD? No olvidemos
que los comunistas declararon sentados en un precioso Mini Cooper “la
pobreza es más sustentable”. La pandemia no es única responsable,
también lo es el proceso destructivo al que nos conduce la izquierda
radical que ha sabido cosechar los pecados de políticos y empresarios
que abusaron de sus posiciones. Lamentablemente, con esta incertidumbre
los inversionistas se alejan y con ellos la generación de más y mejores
puestos de trabajo. Y si el 60% de la población se queda haciendo
zapping, después no digan que no estaban advertidos. Como bien sabe la
historia: Más izquierda, más pobreza.