Esta es una de las mejores definiciones que encontré para explicar lo que es el poder. Otra, la probabilidad de imponer la propia voluntad dentro de una relación social, aun contra toda resistencia y cualquiera que sea el fundamento de esa probabilidad. Estamos viendo y viviendo como nunca, creo yo, lo que son las pugnas por el poder en nuestro país, donde las personas pierden la visión, y hasta la dignidad, por conseguir o mantener el poder en pos de, como dice la definición, llevar a cabo sus deseos, controlando, manipulando e influyendo sobre la conducta de otros, incluso si estos otros no quisieran cooperar. Uno se podría preguntar qué es lo que hace a las personas luchar tan denodadamente por conseguir o mantener ese poder, y la respuesta pudiera ser, que con la obtención de poder se obtiene dinero, se obtiene plata… y con plata se compran huevos, como decía mi tía. Aparte, el tener poder, hace emanar un aire de superioridad frente a los demás, que alimenta el ego y la soberbia, lo vemos a diario. Otra pregunta sería, cuánto dura el poder y para qué enlodarse buscándolo; y la verdad es que el poder como la vida, es efímero. Vemos día a día cómo personas sumamente “poderosas” se desmoronan ante la salud, ante la vejez, ante la justicia, incluso en los tribunales y en las cárceles, por haber abusado del poder en busca de ese dios dinero, que creen o han creído que se puede conquistar a costa de patear, apuñalar o pasar por sobre otros seres humanos, más dignos que ellos.
No quiero dejar pasar la oportunidad de contar una experiencia vivida hace pocos días al estacionarme en una céntrica calle, y al hacerle la típica pregunta a la joven trabajadora, que cariñosamente llamamos “tarjeteros”… ¿Buenos días, cómo está? La respuesta… ¡Feliz! Uuupppsss, pienso, hoy en día es tan raro encontrar a una persona que diga que es feliz y además con un trabajo digno, pero tan sacrificado como el de los tarjeteros, a la intemperie, frío, lluvia, escarcha, sin baños, comiendo en la calle. Viene mi otra pregunta… ¿Porqué tan feliz?… la respuesta me dejó literalmente, marcando ocupado y al borde de la emoción… “Tengo trabajo, un hijo sanito y un marido que me ama”. Creo que esa respuesta lo dice todo y no amerita mayor comentario. Cuántas veces nos quejamos por tonteras y no vemos lo bueno que nos rodea, tantos que luchan por poder, por tener más, llegando incluso a pisotear a quien sea por lograr sus objetivos… y esta sabia trabajadora, humilde magallánica, es feliz porque su hijo está sano y su marido la ama. Punto. Si llevamos lo anterior al terreno político, entendemos por qué gobernantes y legisladores hacen gárgaras con la entrega de poder a las regiones, y se quedan ahí, sólo en las palabras.
Entendemos por qué tanto se cacareó con que el pueblo elegiría a sus gobiernos regionales y que estos tendrían facultades, competencias, y bla bla bla, para al fin quedar en nada. Entendemos porqué los parlamentarios se lamentaban ante las cámaras y micrófonos, por no llegar a concretar la promesa presidencial. Entendemos que es, porque son ellos y ellas, quienes quieren seguir gobernando las regiones, poniendo y sacando Intendentes a control remoto a su servicio y funcionarios de todo nivel en el aparato estatal, que sirvan a sus intereses, los que no son otros que, más poder, más dinero, cueste lo que cueste. Decía John Lennon en una canción “Power to the people”, el poder para el pueblo… ¿llegará algún día?