Según
cifras de la Unesco, a nivel internacional solo tres de cada 10
personas en ciencia y tecnología son mujeres. Es urgente entender cuáles
son las causas que dan origen a la poca participación femenina en la
industria y desde ahí plantear estrategias que en el mediano y largo
plazo puedan acortarán esa brecha.
La
brecha es crítica no sólo por motivos valóricos -si asumimos que un
mundo inclusivo donde todos y todas pueden sentirse parte es un mundo
mucho mejor-, y porque la diversidad es clave para la innovación. Es
también crítica porque si no fomentamos el acceso de más personas a la
tecnología, mujeres y hombres, no vamos a dar abasto para la generación
del talento necesario para los desafíos que enfrentaremos en los
próximos pocos años. La OCDE estima que para 2030, el 80% de los puestos
de trabajo serán para carreras de ciencia, tecnología, ingeniería y
matemáticas. Sin embargo, el 48% de estas vacantes laborales en
Latinoamérica no podrán ser cubiertas por falta de profesionales
calificados.
En
Chile en particular, según datos del Ministerio de Educación, en 2020
solamente un 23,3% de los títulos profesionales en el área tecnológica
fueron obtenidos por mujeres. Esto equivale a una brecha de género de un
53,5% a nivel nacional. En el caso de las carreras técnicas, la
participación femenina incluso ha bajado en los últimos años. Chile
además se encuentra bajo el porcentaje en participación de mujeres en
directorios, siendo superado por Argentina, Colombia y Brasil.
Incentivar
la participación de mujeres en emprendimientos tecnológicos toma
especial relevancia en un momento en que la reactivación económica
requiere de más innovación.
Abordar
este desafío requiere del esfuerzo conjunto del sector público, privado
y la sociedad civil. La educación cumple un rol esencial a la hora de
motivar tempranamente a las niñas a tener curiosidad por el área
tecnológica. Junto a ello, es importante destacar a las mujeres que han
abierto camino en este sector y que hoy son role models para las
jóvenes. Finalmente, es clave el papel que juegan las organizaciones que
hoy articulan estos esfuerzos y que contribuyen a desarrollar espacios
de trabajo conjunto con el fin de cerrar brechas y abrir espacios de
oportunidad para las niñas y jóvenes.