Diez
días han pasado de la instalación de los nuevos Gobernadores y
Gobernadoras Regionales en todo el país, un hito histórico en materia de
descentralización y distribución del poder.
El
advenimiento de esta instalación no ha estado exenta de complicaciones,
desde gobernadores que no tenían oficinas hasta la famosa circular del
gobierno (revertido posteriormente) que le quitaba presupuesto a los
Gobiernos Regionales para transferírselo a los delegados presidenciales.
Por
lo tanto, cabe precisar algunas cosas que son importantes de instalar
en la cultura del país, y que se constituyen variables fundamentalmente
para este proceso que esta ciernes, y que transformará a los Gobiernos
Regionales en instituciones muy distintas a cómo existían actualmente.
La
o el gobernador regional es la MÁXIMA autoridad de una región, hasta
que una ley no diga lo contrario. ¿Que mayor legitimidad que la
confianza popular?. Soy de los que espera que la Convención
Constitucional profundice el proceso de descentralización, y que ojalá
tanto el parlamento como el gobierno, comprendan la figura de las
Gobernaciones no como un simbolismo, sino cómo una forma de fortalecer
la democracia, de darle una perspectiva nueva de política pública a los
territorios, de entenderla como unas herramientas distintas y potente
para combatir las desigualdades territoriales.
La
descentralización llegó para quedarse, es un viaje (enhorabuena) sin
retorno. Los GORE debiesen convertirse de ahora en adelante, en aquellas
instituciones que se catapultan como las grandes articúleles de las
injusticias de los territorios. Es verdad qué hay que avanzar en mayores
atribuciones, pero eso lo debe quitar la implicancia en los temas.
El
desafío de que Chile tenga regiones más empoderarlas es hermoso, hay
que dotar este proceso de excelencia, transparencia, probidad, buenas
ideas, grandes proyectos, de participaciones ciudadana y de sueños
regionales. En este desafío, está la oportunidad de generar válvulas de
oxígeno para una democracia que necesita ser fortalecida.