Más razones para no aprobar

Cuando
una elite del país, de buen pasar económico, nacidos en hogares
económicamente estables, educados muchos de ellos en universidades
privadas, progresistas y radicales de izquierda, nos quiere llevar a una
dicotomía insoportable, pero que renta para sus intereses, entonces
estamos en serios problemas. Azuzando los fantasmas del miedo, nos dicen
que su proyecto de Constitución es uno que dejará en el pasado a un
Chile desigual, injusto, discriminador, porque ellos, beatos de una
nueva religión, serán los redentores del país. Su texto sagrado o su
Santo Grial es el Proyecto de Constitución redactado “democráticamente”,
que refleja según los artículos versículos, la creación de una nueva
tierra en donde seremos iguales, no discriminados ni discriminadores,
saludables, ecológicos, sustentables, no racistas, buenos ciudadanos,
solidarios, pachamamistas, obedientes, pacíficos, educados, paritarios y
un largo etcétera de adjetivos progresistas. Ya decía el poeta
Huidobro: el adjetivo cuando no da vida, mata. Por eso el miedo es la
herramienta insustituible de esta religión progre inhumanista: si
pecamos, nos iremos al infierno del neoliberalismo, donde nos trincharán
con consumo, con escaparates para elegir, con viajes a otros países,
con libertad para disentir del gobernante. Por eso debemos en esta nueva
tierra ser solidarios a punta de impuestos y alguna que otra pistola o
metralleta en caso de manifestarnos “contra los intereses del pueblo”.
“¡Con la verdad, con la verdad, con la verdad! ¡Con la razón, con la
razón, con la razón! ¡Con la moral, con la moral, con la moral! ¡Váyanse
al Diablo!”, según nos dijera el compañero Fidel acompañado del
compañero Salvador, ahora beatificados por el compañero Gabriel. Una
especie de Santísima Trinidad bolivariana. La izquierda nos arrincona
con el miedo a la libertad. Nos asusta que continuará la desigualdad de
los últimos treinta años si no se aprueba su Constitución. Que las
injusticias se agudizarán. Que la corrupción ni la mentira serán
toleradas, excepto que la donación del político sea metida en su otro
bolsillo; o que donde ejercieron la violencia para ganar el poder, ahora
por la verdad, la razón y la moral, no puede ejercerse cuando ellos a
cuerpo de rey, disfrutan del poder que le quitaron a otros. Porque nada
de esto es cierto, vamos a decir que no. Vamos a decir que no a la
división. Vamos a decir que no a la supremacía indígena por sobre los
ciudadanos “chilenos”. Vamos a decir que no al miedo que nos cuelan en
cada discurso, en cada intervención, en cada actividad política de las
autoridades de este gobierno. Vamos a decir que no a la educación
estatal como única posibilidad para nuestros hijos por los siglos de los
siglos, y con profesores en calidad de funcionarios públicos. Vamos a
decir que no a un Chile trozado, territorializado, dividido. Vamos a
decir que no a los sistemas de justicia en el que sólo algunos jugarán
en su cancha, con sus reglas y tribunales propios, porque como han sido
“excluidos” ahora la izquierda los incluirá en sistemas judiciales no
chilenos, aun cuando estamos en Chile. Vamos a decir que no a la
plurinacionalidad, porque es una plurimentira en un país multicultural.
Colocados en este trance histórico, pagaremos y venceremos con nuestra
lucha por un Chile de hermanos, vecinos, amigos, colegas, la mentira que
se pretende imponer con normas excluyentes y racistas.

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