A
medida que se acerca el inicio de las sesiones del Consejo
Constitucional, es imperativo destacar la importancia de posicionar la
participación ciudadana en un lugar central de la discusión, los
esfuerzos de los consejeros electos y las fuerzas políticas que anhelan
una constitución acorde a los tiempos que vivimos.
Durante
diversas interacciones con organizaciones sociales, he observado una
constante preocupante: la desinformación que rodea a los mecanismos de
participación ciudadana creados para permitir la incidencia de la
sociedad civil en la redacción de la nueva carta magna. Por lo tanto,
considero coherente aprovechar diversos espacios para informar sobre
esta faceta fundamental de la nueva Constitución.
En
este sentido, las universidades desempeñan un papel crucial. La
Universidad de Chile y la Universidad Católica, en colaboración con
otras universidades públicas de todo el país, (en nuestro caso a través
de la Universidad de Magallanes), se asumirá la responsabilidad de
diseñar y ejecutar los mecanismos a través de los cuales la ciudadanía
podrá influir en la redacción de la nueva Constitución.
En
concreto, existen cuatro formas en las que la ciudadanía podrá intentar
incidir en el proceso constitucional. En primer lugar, las audiencias
públicas ofrecen un espacio valioso para que los ciudadanos y
organizaciones sociales expresen sus opiniones, preocupaciones y
propuestas ante la institución que corresponda. Por su parte, la
iniciativa popular de norma permitirá a los ciudadanos presentar
propuestas que deben contar con al menos 10.000 firmas de cuatro
regiones distintas, con el fin de enriquecer el contenido de la nueva
Constitución.
Por
otro lado, la consulta ciudadana se erige como un mecanismo para
recoger la opinión de la ciudadanía sobre temas específicos relacionados
con la nueva Constitución, brindando la oportunidad de que los
ciudadanos participen activamente en la toma de decisiones. Por último,
los diálogos ciudadanos autoconvocados, entendidos como espacios de
debate y reflexión, fomentaran la participación colectiva y la
construcción de consensos.
Esta
amplia gama de mecanismos permite una variedad de formas y grados de
participación en el texto que potencialmente nos regirá en las próximas
décadas. Es por ello que hago un llamado enérgico a informarse y a
involucrarse de la manera que más le acomode a cada persona. Todos
tenemos un rol que desempeñar en este proceso histórico, y nuestra
participación activa y bien informada es fundamental para garantizar una
Constitución legítima y representativa de nuestros valores y
aspiraciones colectivas.