Me permitiré repetir la pregunta que da título a esta columna de opinión y la dirijo a todos mis fieles lectores y lectoras, vayan o no por la misma vereda por la cual yo transito: ¿estamos mejor que hace dos años?
Yo estimo y he notado que la respuesta a esa pregunta es un No rotundo, cargado de decepción y acentúa el rictus de amargura que alejó muchas sonrisas, anhelos y esperanzas.
La cesantía golpea a los trabajadores con más de un nueve por ciento de personas que no tienen empleo y lo buscan sin encontrarlo porque, pese a todos los “pro” esto o lo otro, simplemente, “no hay pega” y hace dos años sí había más oportunidades.
Además, cerca de un tercio de la mano de obra posible sobrevive, porque es así, sobrevive, en el sistema económico informal; ese que vive al día, si previsión, en la calle, en las ferias, con el esfuerzo diario de “parar la olla” vendiendo o haciendo lo que se pueda y ese drama, porque lo es, se acentúa en los sectores medios, aquellos que tuvieron que guardar sus tenidas formales en oficinas de empresas o firmas que redujeron sus dotaciones de personal, técnico o especializado.
¿Estamos mejor que hace dos años? Sí, lo estamos, pueden afirmar los casi cien mil nuevos funcionarios de la administración pública que han sido contratados por esta administración del estado-fisco- gobierno con sueldos más que buenos y casi sin hacer nada porque un estado desmesurado no invierte en lo que la mayoría requiere.
Los jubilados, pensionados y adultos mayores sienten que hasta hace dos años, sus pensiones ya insuficientes o miserables, les alcanzaban para adquirir algunas cosas, no muchas por supuesto, pero que en estos años sus canastitas se han achicado, porque la inflación castiga a los más postergados y bajo una administración que quiere arrebatarles el total del 6 por ciento que aportan los empleadores para un fondo presuntamente solidario o financiar iniciativas que son responsabilidad fiscal.
Y ¿estamos mejor que hace dos años? Si el narcotráfico, el crimen organizado; las balaceras, especialmente en la capital, son pan de cada día y de cada noche, con el trágico saldo de muertos, entre ellos numerosos niños, adolescentes y adultos mayores, veinte de ellos en la última semana del año pasado y la sangrienta estadística de los últimos días, dio nueve asesinatos en apenas cinco días, sin contar el hallazgo de restos humanos a troche y moche, con un militar venezolano asilado en Chile, entre ellos.
Hay, eso sí, un grupo de ladrones de fondos fiscales mediantes las “Fundaciones” y “el sistema de Convenios” en todo nuestro país y vaya que deben estar contentos con los miles de millones que llenan sus bolsillos, emulando a los de la vereda del frente sobre los que adujeron “una superioridad moral” que no tenían, ni tienen ni tendrán.
Los invito a todos a responder la pregunta, con la mano sobre el corazón, mirando a su familia, a sus vecinos, a todos sus amigos y conocidos… Ustedes ya saben la respuesta, porque vivimos en el país real… ese que requiere esfuerzo, sudor y hasta lágrimas y que no usa ansiolíticos ni clínicas siquiátricas para disminuir la angustia del diario vivir.