El empleo en Chile ha tenido significativos vaivenes en los últimos 30 años, pero gracias a un ciclo económico expansivo y políticas públicas que favorecieron el crecimiento, la tasa de desocupación en la Región de Magallanes y Antártica Chilena durante la última década alcanzó su nivel más bajo desde 1990, lo que junto a un aumento significativo de los salarios, ayudó a reducir los niveles de desigualdad. Pese a los avances de los últimos años, se debe reconocer que el mercado laboral sigue presentando bajas tasas de empleo, bajos salarios y productividad, y relaciones laborales cortas y con alta rotación. Estudios recientes señalan que pese a que duplicamos nuestro PIB por hora trabajada desde hace muchos años persiste una diferencia promedio de tres veces con los países desarrollados. Por eso es muy necesario avanzar hacia una legislación laboral moderna que permita una combinación óptima entre flexibilidad y seguridad, y que de esa forma mejore la capacidad de competir en mercados dinámicos y abiertos, que asegure la protección social de los trabajadores y contribuya a aumentar su inclusión y competitividad. Estamos enfrentando una realidad económica difícil, con períodos de desaceleración, y en ellos aumenta la probabilidad de perder el empleo y la de encontrar trabajo disminuye. En este contexto económico, y en donde el máximo efecto por una menor actividad demora seis meses, la política pública debería focalizar sus esfuerzos en la protección del empleo de los trabajadores más vulnerables (mujeres, jóvenes y pobres).