La
cantinela de que todo lo que huela a Estado siempre es ineficiente y
que no beneficia a nadie fue el cuento de Pedrito y el lobo que nos
contaron durante 30 años. El tema es que siempre esa fábula terminaba
con el mismo final de beneficiar a unos pocos empresarios privados que, a
manos llenas, se llevaban los recursos para su casa a costa de todo un
pueblo trabajador.
Pues
bien, en estos últimos meses nuevamente volvemos al mismo conflicto,
donde el sindicato de la Empresa Nacional del Petróleo revela una vez
más cómo somos nosotros, las personas, hombres y mujeres, los que
pagamos los costos de las decisiones y oscuras negociaciones.
Lo
primero es decir que el control absoluto de gas licuado lo mantiene el
privado Gasco Magallanes en nuestra región, formando un monopolio con el
total de los precios a cobrar a los usuarios, sin poder regirnos a la
máxima del “mercado regula al mercado” (otro mito, teniendo en cuenta
que cada vez que quieren las grandes empresas se coluden).
Pues
bien, Enap le entrega a Gasco Magallanes el cilindro de gas de 45 kilos
a $37.260, para que la empresa privada lo comercialice a $70.000 en
Punta Arenas, casi un 100% de ganancias, donde nosotros somos los
perjudicados.
Negocio
redondo, todos los que deben utilizar el gas para vivir están obligados
a comprarlo con ese sobreprecio, si no, bueno, sálvate solo. El
problema es aun mayor cuando entendemos que los más humildes, los que
más necesitan, son los que deben incurrir en estos gastos ya que no
están conectados a la red de gas domiciliario. Háblese de sectores
periurbanos, trabajadores de estancia, pescadores, etc.
Ahora
bien, si hablamos de hidrógeno verde, nuevamente la estatal la dejan a
un segundo plano, armando una fiesta en la casa de Enap, pero adivinen,
es muy poca cosa como para dejarla participar.
Pues
bien, me explico: hay intereses creados abiertamente por privatizar lo
que nos pertenece a todos. El entregar todo a manos extranjeras y
nuevamente volver a lo que estamos acostumbrados, que seamos un país que
se desarrolla desde el extractivismo sin entregar un valor agregado.
Peor
aun, el Gobierno de Sebastián Piñera busca capitales extranjeros,
ofreciendo los terrenos e infraestructura de la misma estatal Enap para
que se hagan los planes pilotos privados, comprometiendo la compra a su
vez del hidrógeno producido para el funcionamiento de las refinerías de
la misma Empresa Nacional del Petróleo y de Codelco.
La
inmoralidad llega a tal punto que actualmente el presidente del
directorio de Enap es Fernando Massú. ¿Le suena ese nombre?, el mismo
principal ejecutivo que estuvo involucrado en el caso Cascadas y la
entrega del litio a Ponce Lerou. Operación rasca del Presidente de la
República y del ministro de Energía, Juan Carlos Jobet.
Desde Magallanes tenemos el deber de defender lo nuestro.