Yo
sostengo, desde hace años, que cada día y todos los días, la mujer
chilena, la mujer magallánica, debiera ser motivo y razón de un sentido
homenaje por lo que han sido, lo que son y lo que serán.
Me
permito, primero, enviar un abrazo al cielo para mi madre y mis dos
hermanas que ya están allá, sé que muy cerca de Dios, por lo que fueron y
entregaron a su familia y a los demás.
El
primer abrazo terrenal es para Mi Chiquita, para mis hijas, sobrinas,
nietas bisnietas y, sin distinción alguna de credo, nivel social o
académico, para todas las mujeres chilenas, especialmente las
magallánicas, las limachinas y las natalinas, como un reconocimiento
personal por lo que aportaron y fueron desde los tiempos de Fresia,
Tegualda, Quidora, Inés de Suárez, Paula Jaraquemada, Javiera Carrera,
las viudas de los Hermanos Carrera, Isabel Riquelme, la Sargento
Candelaria, a las que vinieron desde Chiloé en la goleta Ancud y a las
cantineras, como Irene Morales y tantas otras que estuvieron junto a los
soldados chilenos durante la Guerra del Pacífico, como enfermeras,
parejas, amigas confidentes, o compañeras de armas.
Miro
hacia atrás y rindo homenaje a las viudas de los caídos en las
insensatas batallas de la Guerra Civil del 91, cuando la dirigencia
política de la época fue incapaz de superar un conflicto de poder que
ensangrentó el desierto nortino y los campos de Concón, Placilla y
Santiago.
Mi
reconocimiento a las mujeres que vinieron a Magallanes desde Brac y
otras islas, de España, de Rusia, de España, de Italia, de Grecia, y de
otros países y de otras regiones de mi Chile tan amado.
También
merecen mi homenaje las jefas de hogar, las madres solteras que
optaron por la Vida y rechazaron el aborto por amor a esa nueva persona
concebida.
Rindo
homenaje a las sindicalistas de la pampa, de las ciudades, del campo, a
quienes cuidan ancianos desvalidos, a las que empujan sillas de ruedas
en los hospitales, a todas las que lucharon contra la pandemia y nos
sacaron adelante como personas, como región, como País.
Ellas,
sin seguir desquiciantes consignas globalistas y otras istas, miran el
futuro aún con esperanza de que será mejor que hoy para sus hijos e
hijas, cuando la Patria se recupere del marasmo en que la ha sumido la
mentira, la demagogia, las volteretas oportunistas, el acomodo
transversal y el afán, casi enfermizo de querer cambiarlo todo por
nada….
Y
esas mujeres chilenas, magallánicas, natalinas, limachinas, chilotas,
croatas, venezolanas o de otros países y que son personas de bien –
madres, hijas, nietas- levantarán más temprano que tarde las banderas
con nuestros y sus principios DIOS, PATRIA, FAMILIA, LIBERTAD…