Mi proyección para el año 2022

El
año que comienza será de inflexión para Chile. En marzo tendremos
cambio de gobierno donde asumirá mi coterráneo Gabriel Boric la
Presidencia del país. No es noticia para nadie que su pensamiento está
en las antípodas de mis convicciones, pero espero de corazón que su
gobierno sea exitoso mejorando la calidad de vida de los chilenos. Al
fin y al cabo, esa debe ser la vara para medir a un gobierno más allá de
las ideologías.

La
incertidumbre política local y pandémica seguirá afectando el desempeño
de los mercados. Mientras las reglas del juego estén en discusión,
siendo crucial la calidad de la propuesta de nueva Constitución que
emerja de la Convención, es aconsejable que los agentes económicos sean
muy prudentes, lo cual lleva a postergar proyectos de inversión locales o
literalmente redirigirlos a mercados más confiables como el
norteamericano. De hecho, destaca la apertura de miles de cuentas en
dólares (Pershing) por inversionistas chilenos atraídos por los fondos
inmobiliarios en que ofrecen mejor rentabilidad a menor riesgo. No está
demás mencionar que el 2021 constato una caída en la creación de
empresas.

La
economía chilena, si bien ha gozado de gran crecimiento durante el 2021
impulsado por el dinamismo del consumo producto de las transferencias
del gobierno y los retiros de los fondos previsionales, el 2022
descenderá a su real altitud de vuelo, más alineado con su crecimiento
tendencial de largo plazo. Es así como la política fiscal debe converger
con el ciclo económico para reducir el déficit fiscal y contener el
aumento de la deuda pública. A la luz de las promesas de campaña será un
verdadero reto para el próximo ministro (a) de Hacienda. Respecto de la
política monetaria, la inflación obligará al Banco Central a entrar a
una fase restrictiva. Espero que en los próximos meses el Consejo eleve
la Tasa de Política Monetaria (TPM), posicionándola entre un 5,5% a 6%.
En consecuencia, acceder al crédito será más difícil tanto para empresas
como personas. Por ejemplo, los créditos hipotecarios difícilmente
estarán al alcance de la clase media que desea la casa propia y el
precio de los arriendos no bajarán.

Desde
el sector productivo, las noticias no son auspiciosas. Las promesas de
la administración Boric son de aumentar paulatinamente la cotización
previsional de cargo del empleador hasta en un 6%, reducir la jornada
laboral a 40 horas semanal y elevar el sueldo mínimo en un 10% anual
para alcanzar los 500 mil pesos al término del gobierno. Todo esto
inmerso en un escenario de caída de la productividad del trabajo y
revolución tecnológica. Terminadas las ayudas monetarias, conservar el
nivel de empleo será muy desafiante. Proyecto un crecimiento del mercado
informal del trabajo, lo que conlleva mayor precariedad, problemas con
los consumidores, seguridad y menor pago de impuestos por renta e IVA.

Los
desafíos mundiales permanecerán intactos: 1. Evolución de la pandemia,
2. Tensión Estados Unidos – China y la amenaza latente de armas de
destrucción masiva, 3. Inteligencia artificial y biotecnología que
modelaran la vida del ser humano, 4. Cuestionamiento a los modelos socio
políticos y económicos, 5. Desafío permanente de mitigación y
adaptación al cambio climático.

Las
soluciones son complejas y hay que desconfiar de los populistas con
recetas fáciles. Sin duda, el perfeccionamiento de las democracias
liberales y reconocer que existen limitaciones es básico para evitar que
autócratas y movimientos totalitarios, como vemos en Chile, secuestren
nuestra libertad.

¡Feliz Año 2022!

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