Los
microorganismos son pequeños seres vivos que cumplen un rol vital en
los ecosistemas. A pesar de que son invisibles para el ojo humano, y que
por esta razón son escasamente tomados en cuenta en los estudios de
impacto ambiental y/o biodiversidad, cumplen un rol fundamental en la
mantención y reciclado de nutrientes en los ecosistemas. Además, debido a
que son muy abundantes, se reproducen rápidamente, y poseen una alta
tasa mutacional, son los organismos que se adaptan más rápidamente a
cambios en su entorno.
A
través de sus metabolismos los microorganismos, como bacterias,
arqueas, y algunos eucariontes, son capaces de emitir gases de efecto
invernadero como el dióxido de carbono (CO2), metano (CH4) y/o óxido
nitroso (N2O). En el otro extremo, los microrganismos fotosintéticos
marinos, como el fitoplancton, son grandes consumidores de CO2
realizando cerca de la mitad de la fijación de carbono del planeta. Los
microorganismos fotosintéticos fueron los que hace aproximadamente 3.500
millones de años atrás cambiaron la atmósfera del planeta, de reductora
a una atmósfera oxidante, lo que permitió la evolución de todo tipo de
macroorganismos, como plantas y animales (incluido el ser humano), es
decir, el origen de la vida como la conocemos hoy en día.
Pero
¿cómo responderán los microorganismos al cambio climático? ¿serán
capaces de mitigar las emisiones de los gases de efecto invernadero o
contrariamente podrían contribuir a su emisión acelerando el cambio
climático? Los científicos han tratado de evaluar los efectos del cambio
climático en las comunidades microbianas, sin embargo, el potencial de
los microorganismos para evolucionar y adaptarse a estos cambios aún es
poco conocido. Investigaciones recientes muestran que el
descongelamiento del permafrost, que se define como suelos congelados
por años, podría estimular la disponibilidad de materia orgánica y
permitir la emisión de gases de efecto invernadero. Pero no todas son
malas noticias, otros estudios muestran que los microorganismos pueden
incrementar sus tasas de consumo de gases como dióxido de carbono y
metano debido a su mayor disponibilidad en el ambiente.
Aunque,
aún no podemos predecir totalmente lo que sucederá en el futuro,
podemos tomar algunas medidas para evitar un desenlace acelerado y
contribuir a la mantención de los ecosistemas tal como los conocemos.
Conocer y proteger la biodiversidad de los ecosistemas, incluyendo a los
microorganismos, permitirá que exista una mayor diversidad en la
respuesta a estos cambios y por lo tanto mayor resiliencia, definida
como la recuperación a las perturbaciones, a los efectos del cambio
climático. La contaminación también es perjudicial, alterando y
reduciendo la diversidad, por lo que disminuir nuestros desechos es más
que necesario. La participación en actividades sociales y científicas en
pos de la protección del medio ambiente también es fundamental para
ayudar a la sociedad a comprender la importancia de los efectos del
cambio climático sobre los ecosistemas y nosotros mismos.
En
este contexto, el proyecto Microbioma del Centro Regional CEQUA busca
conocer el efecto de factores atribuibles al calentamiento global sobre
el microbioma ambiental y de la superficie de distintos animales
marinos, considerando a estas comunidades microbianas, y su interacción
con los macroorganismos, bioindicadores de la salud de los ecosistemas
marinos australes en escenarios de cambio.