Millennials al poder

No
cabe duda que el sello del Presidente electo, Gabriel Boric, estará
marcado por hechos o situaciones cotidianas que sin dudas marcarán un
antes y un después tanto con sus antecesores como eventuales sucesores.
El primero de estos, y que a la fecha se sigue robando las miradas, es
el querido “Brownie”, quizás el perro más conocido en Chile tras la fama
de un quiltro que fue parte de la marca de una conocida empresa de gas.

Otro,
mucho más reciente, fue el respaldó a través de su cuenta de twitter a
la estrella estadounidense Taylor Swift, en medio de una discusión sobre
la autoría de sus canciones, instalándose pública y globalmente como
“Swiftie”, reconocimiento del cual incluso la revista Rolling Stone se
hizo eco.

Y
ahora, a medida que se avecina el 11 de marzo, la búsqueda del hogar
presidencial se ha tomado la agenda. Primeramente, y como señal de
cercanía, se pensó en que la residencia de Boric se ubicara en la comuna
de San Miguel, una zona de clase media emergente en la Región
Metropolitana con un buen crecimiento en los últimos años. Sin embargo,
ya trascendió que esto no será posible por temas de seguridad. A su vez,
ya se ha comentado en diversos círculos que la mejor ubicación para el
domicilio del presidente electo estaría en comunas del sector oriente de
la capital, siendo la costosísima comuna de Vitacura la que reuniría
las mejores condiciones para el Jefe de Estado. Si bien esta zona poco y
nada tiene “de pueblo” si cuenta con viviendas ad hoc a las necesidades
y requerimientos de un Presidente de la República.

Ahora
bien, uno podría pensar que un perfil como el de Boric bien podría
encontrar vivienda en sectores más céntricos de la Santiago, tales como
Plaza Baquedano, Parque Forestal, Bustamante, Lastarria, etc. Estos
barrios, por cierto, no digamos que son “por y para el pueblo” pero
están céntricamente mejor ubicados, a minutos del palacio de La Moneda.
Pero más importante aún: son zonas emblemáticas que, a la fecha, siguen
estando afectas al idealismo de “jóvenes soñadores” que día a día han
ido recuperando sus espacios de manifestación, violencia y desmanes. Los
mismos en los cuales el ahora presidente Boric fue parte de
manifestaciones en las que incluso increpó a militares encargados de
resguardar el orden público y seguridad, tanto de las personas como la
infraestructura crítica, en estos sectores.

A
estas alturas no sorprende que Boric diga una cosa y haga otra. Tampoco
sorprende, para una generación, sus salidas de libreto y nulo respeto
al protocolo porque sabido es que asumirá la presidencia de Chile con 36
años. Si bien no es un adolescente, convengamos que tampoco es un
adulto en propiedad, ya que forma parte de la denominada generación
“millennials”, a saber: personas con ganas de vivir, muy emprendedoras y
que no se amoldan al estilo de vida tradicional de las generaciones
anteriores, sobre todo, en el aspecto laboral. A los millennials les
encanta viajar, conocer nuevas culturas y coleccionar experiencias que
pueden compartir con otros. Prefieren su lado emocional al profesional.

Y
será en gran medida esa la generación que llegará a ocupar cargos y
puestos de poder en el futuro gobierno. Una que deberá aprender que
decir una cosa y hacer otra tiene consecuencias. Una que deberá
incorporar algo de recato, protocolo y mediana madurez en sus conductas,
más aún en el caso de quienes ocupen puestos en el gabinete. Que el
espacio para exabruptos será cada vez más reducido y que cada una de las
acciones que lleven a cabo estará sujetas al escarnio y evaluación de
la ciudadanía. Y quizás más importante aún: que esta generación
encabezará un país, y no una federación de estudiantes.

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