Mirando a Ucrania, mirando a Chile

Con
estupor hemos visto en los últimos días que nuevamente ha estallado la
guerra, esta vez a raíz de la invasión de Rusia a Ucrania, una crónica
de una invasión anunciada desde hacía ya bastante tiempo y sin que la
comunidad internacional haya hecho nada por evitarlo realmente.

La
guerra, según ha manifestado Von Klausewitz, es la continuación de la
política por otros medios; vale decir, cuando se agotan las
negociaciones, cuando la diplomacia deja de ser eficaz, cuando las
conversaciones no han sido suficientes para servir a los intereses de
una u otra potencia, el camino que queda para lograr el objetivo deseado
es la guerra, un fenómeno que a veces se siente lejano, que desde hace
mucho lo vemos a muchos kilómetros de distancia y que salvo en el caso
de algunas naciones africanas de las que no tenemos mucho conocimiento,
que además se refieren en muchos casos a conflictos internos, a
problemas en Medio Oriente con escaramuzas y combates entre Israel y
Palestinos, no la veíamos sino como una reacción frente a algún tipo de
situación específica, como lo fueron los conflictos de Estados Unidos
contra Irak y Afganistán, frente a la necesidad de frenar el terrorismo
internacional; pero rara vez en la época contemporánea se ve en las
noticias el enfrentamiento de dos países, de dos estados soberanos que
se encontraban en paz. Pero este conflicto nos enseña que cualquier
chispa puede activar la explosión de un polvorín, y lo que hoy es
conversación, lo que hoy es diplomacia, lo que hoy es negociación,
mañana es un conflicto armado, que hoy la televisión nos muestra como
una realidad en vivo y en directo entre Rusia y Ucrania.

La
cruda realidad de una chispa que desate una explosión, que una
situación que se cree controlada y sin problemas, puede suceder en
cualquier país del mundo y por las más diversas razones. Nadie sabe
realmente cuándo saltará esa chispa que encienda un polvorín, lo que por
cierto no es ajeno a la realidad latinoamericana; hay zonas de tensión
aunque a veces no lo queramos ver y menos reconocer, los gobiernos se
jactan de ser pacíficos y de buscar soluciones negociadas, pero la
tensión existe, por nombrar algunas entre Colombia y Venezuela, entre
Ecuador y Perú en la zona de la Ccordillera del Cóndor y ciertamente
también entre Chile y sus vecinos, con los cuales aún mantiene distintas
discusiones limítrofes, siendo tal vez en este momento la relación
limítrofe con Bolivia la más notoria. De modo que si bien gracias a Dios
y a una efectiva disuasión Chile ha estado en paz, esa paz será
duradera solo en la medida en que la disuasión continúe siendo efectiva,
en la medida en que sus Fuerzas Armadas continúen siendo las que tengan
el mayor grado de alistamiento en la región y que su material bélico
siga siendo el mejor dotado de la región, cuyos equipos sigan contando
con tecnología de punta. Por ello no se debe desatender a nuestras
Fuerzas Armadas y se debe propender cada día más a que las mismas
continúen siendo las mejores de Latinoamérica, ya que son ellas las que
pueden garantizar que nuestro país se mantenga en paz, ya que si en
algún momento se ve débil se corre un serio riesgo; que la disuasión no
sea efectiva y que surja la ambición de países o eventualmente de algún
gobierno vecino de irrespetar la paz y que pueda hacer saltar una chispa
que desate un conflicto armado. No es descabellado pensarlo si sabemos
que en Tacna, al lado de la estatua de Bolognesi, quien perdió en Arica,
hay un pedestal vacío destinado a quien la recupere, si sabemos que
Bolivia presiona permanentemente por salir al mar por nuestro territorio
y si Argentina recibirá entrenamiento y equipo ahora por parte de
Rusia. Por ello, como bien decía también Von Klausewitz, si deseas la
paz debes estar preparado para la guerra.

Contenido relacionado

Envíanos tu denuncia o información AVISOS ECONÓMICOS