Mirar más allá es clave, esencial, necesario.
Generalmente
nuestra mirada es cortoplacista, tiene como límites el hoy, quizás el
mañana y, probablemente, en lo espacial, es nuestro metro cuadrado y
nuestro yo. Hoy más que nunca es primordial fijar nuestra mirada lejos
en el tiempo y en el espacio.
¿Qué
hacer? Suspenderse, reflexionar, guardar silencio son acciones
esenciales. No ha poco recordé un proverbio árabe, “Si Dios nos creó con
dos orejas, dos ojos y una sola boca, es porque tenemos que escuchar y
ver dos veces antes que hablar…”. Vaya que acertado. Es de toda
conveniencia sostener el juicio, revisar antecedentes, escuchar no solo
dos veces, sino escuchar a dos, cerciorarnos de modo metódico, y luego,
solo luego, mentar, decir, hacernos partícipes.
Aun
más, tenemos que participar, tenemos derecho a ello, pero hagámoslo
construyendo, edificando, utilizando herramientas adecuadas, finas
quizás, o gruesas, habría que calibrar cuál o cuáles son las
pertinentes. Aun más, no solo debemos tener en cuenta la inmediatez;
todo a su tiempo, “pasito a pasito, despacito”, como reza el nuevo
verso. No hay que dar la impresión de un elefante irrumpiendo en la
vitrina de un negocio. Los movimientos, o nuestras intervenciones, han
de ser apropiados al entorno y propicios al momento. Un poco de tino, de
prudencia ha de haber.
Hemos
puesto atención al contexto, al entorno. Lo que hacemos, lo que
decimos, ha de tener efecto en nuestro derredor ciertamente, pues no
somos solos, hemos de tener en cuenta lo que nos rodea, quienes están
cerca, próximos a nosotros. Lo que hagamos, lo que digamos también ha de
considerar a quien, a quienes forman parte de nuestra comunidad, la
local, la regional, la nacional, la planetaria.
¿Será
para tanto? No. Nadie es isla, aunque haya distorsiones al respecto.
Naturalmente, todos nos requerimos de modo mutuo. Así, la reciprocidad
es imperativa, la reciprocidad no es una opción. El yo es nada sin el
tú, es el principio mayor, por excelencia. Es vital formar una
comunidad. Somos siete mil ochocientos millones de habitantes del
planeta, somos poco más de diecinueve millones los habitantes de Chile;
todos nos necesitamos, nadie sobra, nadie está de más.
Raya
para la suma. Es imprescindible mirar más allá de nuestra nariz, es un
ejercicio natural. Y lo que digamos o lo que hagamos debe considerar
mínimo equilibrio con los demás.
Es de toda humanidad mirar más allá.