Muchos caciques…. Pocos indios

Ministros,
subsecretarios, delegados presidenciales (ex intendentes), seremis,
gobernadores, senadores, diputados, alcaldes, concejales, consejeros
regionales, jefes de gabinete, constituyentes, asesores y más asesores,
asesores de los asesores, etc.

Como dice la expresión del lenguaje venezolano: “muchos caciques y pocos indios”, es decir, muchos jefes y pocos empleados o, en otras palabras, gran cantidad de personas que “mandan” pero pocas que hacen realmente el trabajo.

Fuera
de broma, esa es nuestra realidad, pero algo debemos decir al respecto,
especialmente en relación al alto costo que significa para el país
“mantener” a estos personajes, aunque en realidad el costo es para
nosotros, toda vez que las remuneraciones de las autoridades públicas
salen nada más y nada menos que de nuestros propios bolsillos, a través
de los impuestos que pagamos.

En
efecto, se crean o se inventan cargos y más cargos, a veces
innecesarios o de dudoso aporte, lo que provoca que la burocracia
aumente, que se dupliquen o contrapongan las funciones, que el aparataje
estatal aumente y nunca disminuya. Imagínese usted cuántos IFEs se
hubieran pagado (o que podrían haber sido por un monto mayor) si muchos
de esos nombramientos (designados o electos) no existieran, cuánta ayuda
real podría haber llegado a los que realmente la necesitan, cuantas
viviendas u hospitales se podrían haber construido, cuántas mejoras se
podrían haber llevado a cabo en las escuelas más vulnerables, cuánto
equipamiento para enfrentar la pandemia se hubiera entregado a los
colegios, etc.

Y,
como “guinda de la torta”, nos enteramos de las millonarias
asignaciones que se aprobaron (o se auto designaron) los constituyentes
electos, quienes prometieron que escucharían a la gente, pero ya al
primer mes de funcionamiento se “arreglaron los bigotes” y ni siquiera
han escrito una línea de la tan prometida y ansiada nueva constitución.
Un mes de gastos que son una burla para la gran mayoría que los eligió, y
todo con recursos de nuestra propia billetera. Dicen que son partidas
asignadas del presupuesto de la Nación, es verdad, pero ¿de dónde
provienen los recursos que forman parte de este presupuesto? ¡¡¡De
nuestros tributos, es decir, una vez más nos quitan de lo nuestro!!! (ni
siquiera de los “súper ricos”).

No soy muy optimista respecto al futuro, ya que los mismos que criticaban las
excesivas dietas parlamentarias y rasgaban vestiduras con aquello y
pregonaban a los cuatro vientos que terminaría con dicho abuso y
estarían con el pueblo, hoy hacen lo mismo, y ahí quedó la gente,
perpleja ante tal espectáculo. Espero que me equivoque, pero ya se ha
perdido mucho tiempo y lo prometido es deuda, pero mejor no usar dicho
término.

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