Dentro
de las crisis normativas de la familia está la llamada muerte esperada.
Aunque es un evento natural, se suele no hablar de este
tema. Por lo mismo muchas personas no están preparadas para afrontar
esta realidad. La muerte es el final de la vida humana, incluso sin
enfermedades agudas identificables, los ancianos pasan por un periodo de
declive que culmina en su deceso. Lo recién señalado es la denominada
muerte natural.
A
medida que la muerte se aproxima, la persona sufre no solo cambios
físicos como comer y beber menos a medida que la muerte se aproxima.
Además, la persona sufre cambios psicológicos. Algunos de estos pueden
ser: que la persona pierda el interés en el mundo exterior y en detalles
específicos de la vida diaria, como el día o la hora. Podría volverse
más retraído y es posible que solo quiera tener cerca a muy pocas
personas. Esta situación puede ser una manera de dejarse llevar y
despedirse de todo aquello que conoce.
También
la persona que está próxima a la muerte podría hablar con alguien que
la persona que lo cuida o acompaña no lo puede ver. A la par
puede describir personas y lugares que no son visibles. Estas
experiencias son comunes en la transición de la vida a la muerte. Tal
vez quien cumple el rol de cuidador sienta que necesita ayudar a su ser
querido a reorientarlo hacia la realidad. Negar esta experiencia
podría perturbar y frustrar a la persona que está cerca de su
fallecimiento. No se debe discutir o tratar de modificar esta
experiencia. Muy a menudo estas visiones pueden ser reconfortantes y
pueden facilitar el tránsito hacia la muerte.
En
el duelo anticipatorio los familiares tienen la oportunidad de
despedirse del difunto a lo largo de una etapa más o menos larga previa a
la muerte real, como en una larga enfermedad, un lento deterioro, un
estado de coma prolongado, etc. Así se pueden ir preparando para el
desenlace y van aprendiendo a vivir sin el otro, antes que falte
realmente. Todo lo cual facilita la superación del duelo, a diferencia
de una muerte imprevista.
Para un duelo satisfactorio la familia debe:
-Aceptar la realidad de la pérdida.
-Experimentar el dolor de la pérdida y liberar emociones. Así logrará que la herida psíquica que produce la muerte cicatrice de forma natural.
-Ajustar el ambiente del fallecido. Por ejemplo: transformar el dormitorio del fallecido en una sala de estar.
-Resituar
emocionalmente al fallecido y seguir con la vida. Lo cual no implica
olvidar ni tampoco renegar de su recuerdo. Implica vivir el presente,
sin renunciar ni anclarse en el pasado, recuperando la ilusión por el
futuro. En este contexto, si, por ejemplo, un viudo se prometiera a sí
mismo que no va a volver a tener pareja, sería un indicio de
estancamiento del duelo.
Siguiendo con las temáticas sobre la familia, en próximo comentario se verán las crisis no normativas