Este martes, en Punta Arenas, Magallanes, Chile y el mundo celebraremos el Día Internacional de la Mujer.
Desde
hace mucho tiempo que, personalmente, no le tengo mucha fe o confianza a
estas celebraciones internacionales: el globalismo me asusta porque
borra o intenta borrar tradiciones propias de cada país.
Además,
y lo sostengo contra viento y marea, que cada Mujer, como mi Chiquita, y
cuatro de mis hijas y mi decena de sobrinas, herederas de mi santa
madre y de mis dos hermanas, ya fallecidas, es un mundo especial, en el
que se conjuga la femineidad de cada una de ellas con su ternura, su
inteligencia, su entereza en momentos duros, como por ejemplo durante
estos dos años de pandemia, o cuando las monedas aprietan el presupuesto
familiar.
Pero,
esas heroínas de la vida cotidiana merecen que cada día reciban nuestro
respeto, nuestro apoyo, nuestro reconocimiento, el cariño de sus hijas e
hijos, y el amor de sus respectivas parejas.
Es
que la Mujer Magallánica es más que especial… ¿Alguien puede decir lo
contrario cuando, en pleno invierno, van a dejar o a buscar a sus
vástagos a las escuelas, colegios y liceos tras el volante de vehículos
que no siempre son del último año y desafían las calles y avenidas
escarchadas y la prisa de más de algún varón con aires de piloto de
fórmula ¿uno?….. Y más aún ¿alguno puede no reconocer el esfuerzo y el
cariño por sus hijas e hijos cuando caminan por veredas nevadas, o bajo
la lluvia o desafiando al viento y después, ateridas y mojadas deben ir
a trabajar o atender a algún adulto mayor postrado por los años y las
enfermedades en hogares donde debe asumir, además, las tareas de
mantenerlos limpios, ordenados y preparar comida para su grupo familiar?
¿Pueden
ignorar las angustias de las esperas en salas de urgencia de hospitales
o consultorios, solas, con sus hijos e hijas porque son jefas de hogar,
porque asumieron una maternidad comprometida con la Vida?.
Yo
sí las he visto. Hemos podido compartir, junto a mi esposa, esas
vivencias de las mujeres magallánicas, y que se repiten en Puerto
Natales, Porvenir, Torres del Payne, y en las otras comunas de nuestra
región.
Honor
y gloria a la Mujer Magallánica, de toda edad, clase y condición,
heredera de la Abuela Cristina, de aquella dirigente social que entregó
su vida por salvar a su retoño en un incendio voraz, a las que están
aportando cada día, donde quiera que estén, al progreso, al desarrollo, a
la bondad hecha presencia de Mujer para que, si el día de hoy fue
bueno, mañana será excelente y que, con su actitud de hoy, recuerdan a
Tegualda, Fresia, Quidora, a la Sargento Candelaria, a las cantineras de
la Guerra del Pacífico, a las que lucharon por los derechos femeninos
en el siglo pasado, como María de la Cruz, y a las inspiradoras de Cema
Chile, Coanil, Conapran, Cordam, y a tantas y tantas otras, sin sesgo
alguno, que no deben quedar en el olvido, pero sí en la memoria real de
la Patria y lejos de manoseos político-ideológicos.
Doy
gracias a Dios porque mi dueña, mi esposa, amiga, compañera, madre,
cuyo Amor me regaló hace ya más de veinte años, es Magallánica: Marujita
nació en Puerto Natales.