Mujeres por la paz y el desarme

Cuando
vemos los efectos de la guerra en Ucrania, lo primero que se nos viene a
la mente son numerosos hombres con armas en el frente y mujeres guiando
a los niños y adultos hacia las fronteras en búsqueda de refugio. Se
vuelven responsables de las familias o de lo que queda de ellas en el
afán de darle continuidad a la vida, ojalá con su pareja si puede
regresar del combate. Son muchos los que han quedado en el camino,
perdidos bajo la nieve o destrozados por la metralla y no regresarán.
Esto les obligará a lidiar no solo con la reconstrucción de sus
destruidas economías sino con el dolor que se produce cuando falta
alguien que es irreemplazable y parte fundamental del grupo humano que
se ha conformado.
En las distintas guerras que hemos tenido que ver en los años que nos ha tocado vivir
el escenario es igual y hoy las afectaciones no solo están en la
pérdida de vida o material, sino en la limitación que deja en las
víctimas producto de los daños colaterales de esas acciones. Normalmente
lo vemos reflejado en los niños, en los que logran sobrevivir a las
masacres, a pesar de que pierdan alguno de los sentidos o parte de sus
extremidades. Muchos otros no lo lograrán. Será su nuevo comienzo al
momento en que los que originaron los conflictos se dan la mano para
volver a hacer negocios y a partir de allí la amnesia social esperará el
inicio de un nuevo conflicto.
La
naturaleza se regenera mientras se vuelve a mover la rueda del
progreso. De a poco se van olvidando las razones del problema y, como
estamos acostumbrados a la competencia social, económica y laboral,
volvemos a ver a los cercanos como nuestros enemigos, a quienes tenemos
que demostrar que somos más poderosos y competitivos. La idea principal
es generar miedo para que duden en enfrentarnos.
El
asunto es ¿quién puede detener el instinto natural de la especie humana
de estar en permanente proceso de autodestrucción? En 1982, el
campamento pacifista de mujeres en Greenham Common instituyó el 24 de
mayo como
el Día Internacional de las Mujeres Por la Paz y el Desarme. Su visión se extendió por toda Europa,
captando la atención de mujeres pacifistas que lo asumieron como tal.
Nadie desconoce que ellas son las que más han padecido por causa de las
continuas guerras, por las eternas invasiones, desplazamientos,
destierros, agresiones, violaciones y asesinatos que ellas producen. Son
los cuerpos de las mujeres los que se han usado como impunes armas de
guerra para humillar al adversario, con tal nivel de aberraciones que
hay que ser ciegos para no darse cuenta del grave daño producido. Y
allí nace la organización de las mujeres por la paz. Pues tienen una
visión distinta, de la que produce vida y que sufre cuando pierde a
quienes le rodean. El ser humano no es un vegetal que en el invierno se
pudre y que vuelve a renacer en primavera. Los cortes de las ramas
familiares por una bala, cuchillo o bomba no vuelven a surgir y la
cicatriz queda ennegrecida en la mente de quienes los quisieron y,
sistemáticamente, en cada conflicto, son miles de personas afectadas. En
la GM2 fueron millones por la estupidez de un grupo de fanáticos que se
dieron galones mesiánicos.
El
movimiento de las mujeres contra la guerra y por la paz surge
estrechamente vinculado a la defensa de otros derechos de las mujeres
como el del sufragio, y ha evolucionado a la par de las luchas
feministas desde finales del siglo XIX hasta la actualidad. Las
organizaciones de mujeres que trabajan por la paz han abrazado múltiples
causas: el fin de los conflictos armados y la búsqueda de salidas
negociadas a la violencia, el antimilitarismo, la abolición de las armas
nucleares, la defensa del medio ambiente, la denuncia de la violencia
sexual como arma de guerra, la denuncia de las desigualdades económicas,
la discriminación y las injusticias sociales, entre otras muchas. La
paz positiva, la paz cargada de múltiples significados y no la mera
ausencia de violencia directa, unida a un cuestionamiento del
patriarcado que la legitima, es el horizonte por el que trabajan.
Hoy
en Chile necesitamos de la paz social para lograr la sana convivencia y
dejar de especular con el destino que nos pueda brindar una nueva
Carta Fundamental,
donde nadie la ha leído y ya existe un movimiento que busca rechazarla
(aunque eso fue su intención desde que se plebiscitó). Las mujeres por
la paz están llamadas a cuidar nuestra casa y ellas, mejor que nadie,
saben cómo reconstruirla cuando esta tiembla.

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