Viendo
las actuales condiciones dentro de las que nos estamos desenvolviendo,
cuesta concebir una sociedad en la cual la mayoría de las clases
sociales convivan enmarcadas por límites que permitan tranquilidad y
armonía, y que esté resuelta a buscar y compartir las señales que
permitan el encuentro colectivo para resolver de forma homogénea, los
distintos problemas de nuestro tiempo. Una aparente disfuncionalidad
social parece ser el denominador común en una ecuación general, con
parámetros que reflejan una profunda insatisfacción ciudadana y una
falta de credibilidad y consecuente desencanto. Un vacío de expectativas
adornado con incertidumbres, se suman al escenario producto de una
pandemia que, al parecer, insiste en ponernos en un sitial a partir del
cual sólo podemos observar nuestra natural, precaria y efímera
existencia, no valorada en su esencia a pesar de ello. Finalmente, esto
se advierte claramente en las dinámicas sociales en las cuales estamos
insertos consciente o inconscientemente, más allá de las fronteras y de
las divisiones ideológicas, y que conducen a suponer solamente la
posibilidad de extremos dados por una sociedad imaginaria bajo un poder
totalitario, en clara oposición al sueño de una utopía que concibe una
sociedad en que todo discurre sin conflictos y en armonía. Esto
corresponde a tener sobre la mesa, por un lado, la sociedad imaginada
por el “Mundo Feliz” de Aldous Huxley y, por el otro, el degradado y
miserable mundo de George Orwell descrito en “1984”, su célebre novela
de ficción distópica, ambos acentuando la pérdida de poder de la bondad y
la predominancia del individualismo. A menos que nos resignemos y
aceptemos un proceso continuo de precarización no bondadosa de la
condición humana, resulta indispensable la búsqueda de nuevos
instrumentos y de mejores acciones que conduzcan a fortalecer la razón y
la consciencia para entender y tal vez superar, un modelo de existencia
material ya convertido en un gran desafío a superar por las actuales
generaciones, sin exclusiones ni discriminaciones. En la actualidad, las
opciones son extraordinariamente diversas y, en muchos casos, superan
las barreras impuestas por ideologías y partidos, transformándose
paradójicamente en líneas personales y excluyentes para la promoción del
desarrollo social en sus múltiples facetas. Hemos sostenido
permanentemente que es en la justa comprensión de las diferencias, en
donde se hace evidente la necesidad de mayor aceptación de la diversidad
de opciones y de la urgente re-instalación de principios éticos capaces
de formar personas con un código conductual basado en el diálogo, la
fraternidad, la tolerancia, la solidaridad, la prudencia y la rectitud.
Recientemente, la Gran Logia de Chile ha propuesto para la reflexión
pública el libro “La masonería propone a Chile” basado en estos
conceptos, el cual se espera sirva de guía para la construcción de un
país con visión de futuro y espíritu republicano. En la presentación del
texto, el Gran Maestro Sebastián Jans Pérez ha planteado que, sabedores
de que no se está en posesión de la verdad y que el documento puede
adolecer de ciertas certezas, acaso sea la mejor opción para un proyecto
de construcción del país post crisis y de cara a la nueva normalidad.
Es un aporte que se fortalece en su llamado a sumar esfuerzos en
beneficio de toda la comunidad nacional, planteando valores que permitan
a la persona sentirse parte de un país que interpreta sus necesidades.