Esta
semana dejó este físicamente este mundo la conocida cantante Cecilia,
como la conocimos todos. Pocas veces un nombre propio se asoció a un
ritmo musical, a una época y a un estilo. Eso fue lo que logró La
Incomparable desde su aparición en los escenarios a comienzo de los años
60.
Rebelde,
revolucionaria, probablemente Cecilia no era el estereotipo impuesto y
esperado como consecuencia del movimiento del rock and roll
estadounidense que se propagó velozmente por el mundo y que no tardó en
llegar a nuestras tierras marcando a toda una generación, sin embargo,
logró instalarse y posicionarse como una figura más que relevante que no
dejó a nadie indiferente.
Si
bien el género musical no había nacido ni cerca de aquí, rápidamente
fue apropiado por los artistas locales que dieron vida a la nueva ola
que nos acompaña desde la nostalgia hasta nuestros días.
Los
Red Junior conformado por los hermanos Zabaleta, Luis Dimas, Buddy
Richard, el pollo José Alfredo Fuentes, entre tantos otros nombres,
dieron vida a un movimiento musical y cultural que echó raíces en
nuestro país sin pensar que perduraría de manera eterna en la memoria
colectiva de la sociedad, y claramente, en las radios que no han dejado
de programar sus infinitos éxitos.
En ese movimiento, Cecilia y “beso de taquito”, fue fundamental y necesaria.
Pocas
semanas antes de la partida de Cecilia, nos esterábamos del
fallecimiento de otro representante de la música nacional. En junio,
murió quien fuera una pieza clave del folclor chileno; Pedro Messone,
Premio Nacional de la Música Folclórica 2018, fue otro de los artistas
que escribió su propia página en la historia nacional.
A
modo de anécdota, poco antes de morir, comenzó a difundirse el relato
sobre su influencia en el origen de la canción Volver a los 17 de
Violeta Parra, vinculado directamente con el paso de ambos artistas por
Magallanes.
Mucho
más allá de lo que podría ser un simpático recuerdo, resulta oportuno
vincular a ambos cantantes con el impacto cultural que las expresiones y
manifestaciones artísticas tienen en las sociedades.
Parte
de un legado musical y cultural, los artistas, músicos, cantautores,
compositores y tantos otros, constituyen una extensa enciclopedia que
vale la pena poner en valor no tan solo con los merecidos
reconocimientos reflejados en premios, sino también en su permanente
estudio, análisis y reflexión que nos permite poner en contexto su
trabajo, que es al mismo tiempo, el estudio de nuestra propia sociedad.
La
educación cultural es también aquello, y porque no, muy especialmente
la exploración de todo lo que nos ha constituido como personas y
ciudadanos y que nos termina por configurar una identidad.
A
pesar de recibir, de manera injusta, el menosprecio de ciertos
sectores, considerado muchas veces como un género menor en lo musical,
por la influencia extranjera, o por la valoración personal que se ha
hecho de algunos de sus protagonistas, tanto la nueva ola chilena, como
otras categorías musicales, representan mucho más que un ritmo pegadizo.
Folclor,
rock and roll, nueva ola, y otros géneros, estilos y movimientos, en
este caso musicales, alentados principalmente por los grupos más
jóvenes, forman parte de la historia nacional y así también deberíamos
tener la posibilidad de abordarlos con mayor tiempo, porque nos hablan
también de los cambios y transformaciones que experimentan los pueblos y
sus habitantes.