Bastaba
que la presidenta Michelle Bachelet anunciara que volvería a Chile
después de 4 años para que saltaran, igual como una barra brava con el
bombo, los conspicuos militantes y adherentes de la derecha a
crucificar, mentir y denostar a la que ha sido la primera Mandataria más
querida de la historia reciente de Chile.
Estos
arrebatos no se deben precisamente a que Bachelet vaya a tener una
intención electoral futura. No señor, no se confundan. Esto es solo por
los cambios que propuso y propone nuestra militante socialista al país.
En
sus gobiernos, con errores, resistencias absolutas de los sectores más
conservadores (también con fuego amigo e interno), se le propuso a Chile
una serie de reformas y modificaciones que buscaban tener una sociedad
más justa para todos, comenzando a dejar atrás los privilegios
enquistados en una clase política y social que se negaban a soltar.
Durante
sus 8 años obligó cambiar el rumbo de la agenda, con resistencia de los
medios más tradicionales y con todo tipo de acusaciones. Avanzamos como
nunca en poder hacer carne la educación gratuita para los sectores con
menos recursos; hoy son cientos de estudiantes y ya profesionales que se
lo agradecen, los que no tuvieron que salir endeudados hasta el tuétano
por querer surgir.
En
materia política le dijimos “chao al binominal”. Los chilenos en el
extranjero comenzaron a votar, de esta forma reconociéndoles su calidad
de compatriota, sin importar el lugar en el que estuvieran residiendo.
En
derechos, se dio fuertemente el debate por el matrimonio igualitario,
por los derechos de las mujeres, jardines infantiles para población
universal, aborto en tres causales, y se creó un pilar solidario para
las paupérrimas pensiones de quienes iban envejeciendo y eran destinados
a la más cruda de las pobrezas.
Durante
su segundo mandato, fueron un eje central las discusiones ciudadanas a
lo largo de todo Chile para cambiar y crear una nueva Constitución.
Adivinen quiénes fueron los que se opusieron tenazmente: los mismos que
hoy proponen rechazar para reformar. Créanme que mañana también dirán
que no es momento de hacer los cambios profundos que necesitamos, y de
esta forma mantener el statu quo tal cual lo han hecho en los últimos 30
años.
Presidenta
Bachelet, usted con todos sus baches, con sus problemas y caídas, se ha
metido en el corazón de las y los chilenos. De los mismos que vimos
ayer y hoy también sus esfuerzos de hacer un “Chile bien diferente”,
como dirían los Inti Illimani.
Bienvenida
a su patria, bienvenida a su familia y a su casa. Gracias por venir a
aportar en este momento crucial de nuestra patria, de su patria. La
recibimos con los brazos abiertos y con un corazón latiente que sueña
con un futuro mejor.