Nacidos para el Apruebo

Mientras
la Convención Constituyente se encuentra en los últimos días para
aprobar las normas que serán parte del borrador que analizará la
Comisión de Armonización, la discusión pública ya desarrolla una campaña
en favor del Rechazo o el Apruebo. Las ideas, las pasiones, nuevamente
se polarizan, e independiente del contenido, muchos potenciales
electores ya marcan posiciones en relación a una u otra opción. En base a
ello han surgido un sinfín de cuestionamientos en torno a los
argumentos esgrimidos, la validez del proceso y las motivaciones y
juicio de los constituyentes. En este escenario es oportuno presagiar
que el plebiscito de salida tensará a los electores en posiciones muy
similares a las del plebiscito del Sí y el No o a la última elección
presidencial; es decir, un cara o sello, en el cual el contenido pasará a
segundo plano. La nueva Carta Magna será reflejo de su origen. Si bien
los cuestionamientos a la Constitución de los 80 eran evidentes en la
última década, no existió acuerdo y voluntad para su abolición y
reemplazo hasta el estallido social, el cual, con la premisa de exigir
dignidad y justicia social, demandó una nueva Carta Magna. Las
asfixiantes necesidades económicas y sociales acumuladas en la
población, sumadas a las generadas producto de la crisis sanitaria por
Covid, llevaron a una elección de constituyentes muy distantes a los
poderes tradicionales, en donde ciudadanos independientes y de izquierda
tienen mayoría, con escasa representación de la derecha. Por tanto, era
obvio que la nueva Constitución avanzaría en justicia social, derechos
que dignifiquen a las personas, paridad de género, reconocimiento a
nuestros pueblos originarios y el uso sustentable y justo de nuestros
recursos naturales estratégicos, provocando la reacción, oposición y
confabulación de un mundo conservador, acostumbrado a privilegios y
favorecido por las injusticias y trabas de la Constitución actual. En
este escenario polarizado, con una Constitución aún en redacción (pero
con grandes avances), no tengo problema en adelantar mi opción por el
Apruebo en el plebiscito de salida. Tengo un compromiso de vida,
histórico e ideológico por una nueva Constitución, redactada, discutida y
aprobada en democracia. Pertenezco a la generación de los ochenta, esa
generación postergada y hasta invisibilizada, pero que ha crecido y se
ha desarrollado con la historia de un país que sufrió las consecuencias
políticas, sociales y económica de la dictadura, junto con las luchas
estudiantiles, sindicales y populares por recuperar, cuidar y fortalecer
la democracia y sus instituciones. Pertenezco a esa generación que
derrocó con valentía la dictadura, que sin pedir nada ha mantenido una
lucha democrática por borrar el legado de injusticias de Pinochet y que
ha estado en cada iniciativa que permitiera derogar la filosofía tras la
Constitución del 80. Somos la generación que lo arriesgó todo en la
calle en contra de la dictadura, que ha sacrificado todo por cuidar la
democracia. Una generación que asumió el rol de postergarse por un Chile
mejor, que sufrió la pobreza de los 80 y seguramente no disfrutará los
beneficios futuros. Hoy, como aquella Vieja Guardia, sin dudar los
miembros de esta generación nos ponemos al servicio de la defensa del
proceso Cconstituyente y de la Nueva Carta Constitucional, porque es
nuestra lucha, porque sentimos que es parte de nuestro legado, porque ha
sido razón de nuestra vida. Quizás la G80 se enfrenta hoy a una de sus
últimas hazañas, quizás su último desafío, quizás su último gran aporte a
la patria como generación, entregarle a Chile una nueva Constitución
nacida en democracia. Nacimos para aprobar una nueva Constitución.

Contenido relacionado

Envíanos tu denuncia o información AVISOS ECONÓMICOS