Nacimiento

La Navidad constituye una excelente oportunidad para detenernos a reflexionar. La presencia de Dios en nuestros corazones, la familia, los amigos, los proyectos personales, el trabajo, las dificultades, las oportunidades. Todos estos son tópicos que concitan la atención de nuestros balances personales. El 2020 ha sido un año muy difícil, sin dudas que para algunos más que para otros. Pero a todos nos ha afectado desde diferentes dimensiones. Entonces, la Navidad aparece como una gran instancia para reflexionar acerca de las posibilidades que implica aquello que ella simboliza: el nacimiento. En consecuencia, la Navidad es la oportunidad para el nacimiento de todo aquello que pudiera traer buenas nuevas.

Por eso no debemos dejarnos llevar por la corriente actual, que reduce la Navidad a un acontecimiento para comer y beber con nuestros familiares. Por supuesto que así se festeja y si nada falta en nuestra mesa, mejor. Pero el corazón de la celebración navideña consiste en abrir nuestro imaginario y nuestras manos al nacimiento de todo aquello que sabemos que necesitamos para nosotros mismos, nuestras familias y compatriotas.

Chile y nuestra región precisa más concordia, más unión, más trabajo en equipo, y ciertamente menos egos, menos obsesión vana por el poder. De eso se trata, creo yo, la oportunidad que nos otorga esta particular Navidad. La pandemia nos ha demostrado la vulnerabilidad del ser humano, nos recuerda nuestra condición inserta en la naturaleza, y que a través de la autoconciencia, nos exige dominar los sentimientos de soledad, miedo y angustia para superarlos e intentar una nueva armonía con la naturaleza y darle un sentido a nuestra propia existencia. Ricos o pobres, de izquierda a derecha, lindos o feos… Nadie tiene nada asegurado.

A la hora de escribir esta columna, la vacuna viene en ruta a Magallanes. Por tanto, la vacuna llegará y pienso que debemos estar agradecidos por ello. Pero no alcanza con ella. Como en todo en la vida, ahora debemos poner todo nuestro empeño en seguir cuidándonos, resguardar nuestros recursos y orientarnos en lo posible hacia la solidaridad en honor a quienes más lo requieren.

Como hijos de esta tierra austral los conmino a pasar unas fiestas frugales, amenas, en las que lo único que debiera sobrar es la vocación por la concordia y las manos acogedoras para todo aquel que pudiera necesitarlo. Cuando todo esto acabe, habremos comprendido que la política y las diferencias ideológicas son apenas una fracción de todo lo que realmente somos. Lo que nos une, es lo que define nuestra propia condición de seres humanos.

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