Nada es espontáneo…

Sudamérica
vive desde hace algún tiempo episodios de convulsión política, aunque
este fenómeno no es nuevo en esta parte del planeta. Es frecuente que de
tanto en tanto se sucedan revoluciones, dictaduras, periodos de
tranquilidad democrática, etc. Sin embargo, es de mi parecer que
actualmente existen elementos comunes que es preciso poner de relieve.
El mes recién pasado falleció un gran periodista político chileno, don
Germán Gamonal. Estando en la universidad a principios de los noventa,
escuchaba sus comentarios políticos, los que me parecían objetivos, sin
la pretensión telepredicadora de las actuales figuras de la televisión,
que bajo una supuesta mirada crítica expelen sus creencias, ideologías y
parcialidades, llegando a molestarles incluso si alguien les interpela.

Gamonal
decía que en política no había nada espontáneo: hasta el más modesto
mitin se planificaba; hasta declaraciones que parecían obtenidas al
pasar, eran intencionadas. Es lo que ocurrió en Chile a partir de
octubre del 2019. A esta altura nadie mínimamente serio puede decir que
la destrucción de tantas estaciones de metro de la capital fuer
realizada sin una concertación previa. La izquierda después del segundo
gobierno de Bachelet pensó que sus reformas serían queridas por la
sociedad, pero se enfrentaron con una cruda e insoportable realidad:
Sebastián Piñera les había vencido ampliamente, por lo que decidieron
atrincherarse en el Congreso Nacional. Y escogieron una subida del
precio en el metro para usarlo como detonante de su revolución, hasta
obtener de parte del mismo Presidente que les venció, su rendición.
Revueltas en las calles, saqueos, destrucción extendida, caos, cesantía,
etc,, fueron las armas de su revolución. Cuando incluso se dejó sin
efecto el alza del metro, siguieron con su marcha destructiva, cuyo
objetivo final era y aún lo es implementar su agenda y la destitución de
Piñera.

Lo
que está hoy sucediendo en Colombia es sospechosamente similar a lo
ocurrido en nuestro país. La intención del Presidente de ese país de
subir impuestos fue usada también como detonante de la revolución de
izquierdas, que después de haber sido retirado tal proyecto, piden a
fuerza de destrucción, cesantía, violencia, que el gobierno de derechas
de Duque haga suyas las ideas de la izquierda, bajo amenaza de continuar
con la destrucción y su destitución. Y como siempre, las referencias al
“pueblo”, a las injusticias, a una derecha mala y perversa, a un
sistema “neoliberal”, en fin, la misma retórica vacua dirigida a
incautos, a desprevenidos.

En
Perú el año pasado, habiendo elegido el Congreso Nacional como
Presidente a Manuel Merino, de derechas, después de la vacancia de
Vizcarra realizada por ese poder del Estado, la izquierda se hace de las
calles y comienza sus protestas y destrucción, hasta la obtención en
ese caso de la renuncia del Presidente recién electo, que no era del
gusto de los partidos de izquierda. Tuvo que ser elegido Presidente
alguien que no era de derechas para que se tranquilizaran por ahora las
hordas revolucionarias. El próximo mes se llevará a cabo la segunda
vuelta presidencial en dicho país, donde compiten Pedro Castillo, un
izquierdista chavista, y Keiko Fujimori, de derechas. De ser electa esta
última, podrían regresar los vientos revolucionarios marxistas para
impedir su ascenso o un gobierno tranquilo.

En
los tres casos mencionados, Chile, Perú y Colombia, curiosamente
existen denuncias de violación a los DDHH por el actuar de las policías.
Nada es espontáneo…

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