Nada nuevo en educación

En
el año 1994 el Presidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle, crea la Comisión
Nacional Para la Modernización de la Educación, los objetivos del
Decreto Supremo N` 351, no varían sustancialmente de las propuestas del
Ministro de Educación, sólo que han transcurrido veintiocho años de por
medio, la modernización no ha llegado, los resultados han descendido al
igual que la deserción escolar y la matricula, se han bajado las vallas
en casi todas las exigencias curriculares porque los magros resultados
son culpa de las pruebas estandarizadas y como la valla es muy alta hay
que democratizarla por las injustas brechas existentes. En tres décadas
ha aumentado la brecha entre establecimientos particulares y públicos,
es cosa de observar los indicadores, las pruebas y los fracasos en la
educación superior, donde una cosa es ingresar otra mantenerse con
rendimientos suficientes y lograr un egreso satisfactorio.

La
denominada Comisión Brunner, se propuso que la educación debía estar
centrada en el alumno, éste debía permanecer más tiempo en la escuela y
las clases debían ser activas y no frontales, con actividades lúdicas de
esparcimiento y complementarias de las puramente curriculares. Ahora,
con otra denominación -Congreso Para la Educación- se plantean los
mismos objetivos, todos muy atractivos y no me cabe dudas inspirados en
los más nobles ideales, el problema es que primero hay que pagar las
cuentas.

La
modernización de la educación significó un tremendo esfuerzo como país,
se inspiró en la experiencia internacional y participaron en dicha
reforma personajes de indudable trayectoria académica, pero al parecer
se precisa de algo más que ha estado ausente por demasiado tiempo,
compromiso.

La
vieja escuela pública no tenía mayores recursos pero cuesta recordar
escuelas rayadas, incendiadas, alumnos comprometidos en hechos
delictivos al interior de sus propios establecimientos, paros que se han
hecho rutina, al final la disciplina hace la diferencia, y esa es quizá
la peor herencia de la dictadura, una actitud que se ha hecho cultura,
donde toda forma de ejercer el mando o la autoridad se ve como
totalitaria o manifestación del fascismo más extremo.

En
este contexto, sobran las mesas de diálogo, mientras los padres y
apoderados siguen en la fila, pasivos e impotentes ante comunidades
educativas en que impera la división, el desgobierno y el desorden,
como hace pocos días manifestaba una madre y apoderada de la Escuela
Bernardo O’Higgins, todo mientas el Mineduc, la Superintendencia de
Educación, los Concejales y autoridades locales se entretienen en una
mediación carnavalesca o toman palco, a la espera que el problema se
resuelva acudiendo a la concordia espontánea, fruto del espíritu
altruista de nuestros educadores o que un próximo Congreso de la
Educación resuelva el conflicto, este conflicto nos muestra el estado
de la educación pública.

Entretanto,
la brecha se prolonga y se ensancha, con y sin fines de lucro. O sea,
desafortunadamente nada ha cambiado demasiado en educación, ojalá ello
ocurra, para que efectivamente las brechas sean fruto y consecuencia
del talento individual que siempre necesita de ayuda para manifestarse,
pero por sobretodo de sudor.

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