Es
el título de un libro censurado de facto, hoy diríamos “cancelado”, en
los años ‘70. A la gente le turba siquiera pensar que existen realidades
paralelas a las que perciben, y hay poderosos intereses a los que
interesa mantenerse en las sombras. Era Diciembre de 2016, me encontraba
en Colombia cuando se suscribió el acuerdo entre el gobernante de esa
época, el presidente Santos, y las FARC, grupo terrorista guerrillero de
ideología comunista que asoló a ese país por décadas, controlando
vastos territorios y vinculado al tráfico de drogas cuya producción
alimentaba sus arcas financieras.
En
la ocasión le dije a una persona, “antes de una década, los terroristas
llegaran al poder”. El domingo ganó las elecciones presidenciales de
ese país Gustavo Petro, ¿ex? terrorista. El electorado colombiano se
opuso a dicho acuerdo y lo rechazó en plebiscito. El gobierno no se
arriesgó y lo aprobó e impuso por simple decreto. Los resultados están a
la vista. El actual presidente de Chile lo saludó efusivamente a Petro
por su previsible triunfo. Así son las cosas, nada ha ocurrido por
casualidad, y hay que cumplir los compromisos. América Latina, de
continente a la deriva política, hoy ha caído casi por completo en las
garras del hambriento neocomunismo generado en el “Foro de Sao Paulo”,
hoy “Grupo de Puebla”. No son una organización social y política, solo
la cara más o menos visible de una poderosísima organización
transnacional de una intrincada red de gobiernos, partidos, magnates,
que “científicamente” han construido un siniestro plan precisamente para
eso, para que la izquierda totalitaria se haga del poder en una región
del planeta asolada por la combinación de pobreza corrupción, falta de
ideas, falta de líderes de verdad, verdaderas mafias- Colombia siempre
ha sido país de mafias- y una creciente incultura colectiva sobre todo
en las nuevas generaciones desconectadas de la historia y de la
realidad, gracias a la manipulación que por años se ha hecho de la
educación y de los medios de comunicación. Parámetros comunes con lo que
está pasando en Chile en los últimos tres años. El plan es continental y
sigue en exitosa marcha.
Hasta
hace poco, creíamos que en Chile estábamos a gran distancia de estas
realidades. Ahora se entenderá que no es así. No solo tenemos
colombianos controlando parte de ciudades como Antofagasta, metidos en
cada tema de tráfico de drogas, también nos metieron el sicariato, el
motochorreo, comienzan los secuestros. Se sabe las Farc, que nunca
desaparecieron, solo se legalizaron, están presentes en el terrorismo de
la Araucanía, que por algo es narcoterrorismo. Y acá seguimos pensando
que una nueva constitución solucionará todos nuestros problemas y nos
hará un país feliz y desarrollado…. Mejor sin comentarios. Lo que ocurre
en Chile está absolutamente preparado, planificado, conspirado, y
responde a un magistral plan internacional. En esencia no tenemos
ninguna diferencia con Colombia, es exactamente lo mismo en distintos
climas y paisajes.
Por
ello es que desconfío profundamente del resultado de septiembre. Todo
lo ocurrido desde 2019 está orquestado, preparado por “científicos”. Con
apariencias “democráticas” hasta donde se pueda, se va al asalto del
poder total. Chile está más avanzado en eso que el resto del continente y
por lo mismo es el gran experimento del globalismo neocomunista.
Atrevámonos a decirlo, no sigamos bajándolo al nivel de un simple
“populismo” que no lo es: es marxismo, puro y duro, con distinta
estrategia. Y millones siguen creyendo que rezando y por chat el país se
salvará. Qué Dios haga lo que los flojos no se atreven.