Aclaro
que no hablaré de la aplaudida serie Narcos de Netflix, sino que de
nuestra región. Magallanes y sus principales urbes como Punta Arenas y
Puerto Natales que agrupan a la mayoría de la población, se
caracterizaban por ser ciudades donde las familias solían desarrollar
sus proyectos de vida gozando de la tranquilidad de no verse amenazados
en su integridad personal o la de sus bienes. Desgraciadamente, esta
realidad ya no es tal, y al parecer nos estamos acostumbrando a que los
hechos delictuales no sean de exclusivo patrimonio de la “Gente mala del
Norte”. Basta con surfear en internet y leer la prensa local para darse
cuenta que lanzazos y motochorros, vandalismo, asaltos, robo de autos,
abigeato, accidentes de tránsito protagonizados por conductores ebrios,
violencia intrafamiliar, homicidios y tráfico de drogas son el pan de
cada día. Y los delitos no se circunscriben exclusivamente a las dos
principales ciudades regionales.
¿Las
personas han perdido la consideración por otros seres humanos y respeto
por lo ajeno? ¿Será necesario esperar que los índices de victimización
de personas y hogares sean aterradores? ¿Tenemos que esperar que la
delincuencia avance a tal punto que nosotros, nuestras familias o amigos
sean víctimas de un delito para realmente inquietarnos? ¿ Queremos que
nuestros hijos sean esclavos del éxtasis o cocaína? ¿Hasta donde hay que
llegar para que la prevención y seguridad pública sea una real
prioridad de las autoridades?
El
incremento de la delincuencia en nuestra región son claros. De hecho,
la tasa de victimización por delitos de mayor connotación social (al
menos un integrante de una familia ha sido víctima) ha aumentado
significativamente desde el año 2016. El encierro forzoso a consecuencia
de la pandemia es una pausa en la tendencia. Sin embargo, los decomisos
de drogas no cesan; miles de dosis de cocaína o metanfetamina si logran
ser consumidos en nuestra región, y las incivilidades que vemos a
diario en nuestros barrios o los autos lujosos estacionados frente a
humildes casas, son solo señales de un cáncer social en desarrollo.
Hace
dos años levanté la voz respecto de la reducción de la dotación de
Carabineros en Magallanes, sobre lo cual no hubo una clara respuesta de
parte del Gobierno. Dudo que se haya resuelto y espero que la PDI tenga
los recursos necesarios para su importante labor. La Justicia también
juega un rol preponderante en el cumplimiento de la ley. Pero el combate
a la delincuencia y narcotráfico no depende exclusivamente de las
policías y el sistema judicial, sino que además, de la participación
activa del Gobierno Regional, Municipalidades y la sociedad civil.
El
combate a la delincuencia y narcotráfico en una región como Magallanes
(baja población y condición geográfica de isla) permite diseñar e
implementar una estrategia contra el narcotráfico efectiva para proteger
la tranquilidad de nuestros ciudadanos e hijos. Aún más complejo es
implementar políticas sociales preventivas e integrales hacia los grupos
vulnerables con provisión de educación de calidad, práctica deportiva y
acceso a la cultura, oportunidades de trabajo, entre otras, que son
imprescindibles y que deben ser priorizadas.
Si
bien como Gobernador Regional no tendré potestad en materias de
seguridad, si realizaré todas las gestiones para que el Gobierno Central
y su Delegado Presidencial de turno, sean nuestros aliados en la
protección de la familia magallánica y su histórica tranquilidad. No
podemos ni debemos dejar esto en manos de los políticos de siempre. Que
esto sea realidad, dependerá de usted el próximo 11 de abril.