Este
25 de diciembre se renueva el mundo, la tierra y todo adquiere sentido.
El Nacimiento de Cristo es el hecho fundamental que explica y justifica
todo. Eso es algo que suele olvidarse.
La
Navidad es una fiesta que congrega y une a la familia. Es un momento
donde todos nos deseamos lo mejor y sentimos que algo cambia en nuestras
almas. Sin duda, las tradiciones de la sociedad de consumo han superado
al nacimiento de quien sitúa esta fiesta. No en vano se habla de
Charles Dickens como “el hombre que inventó la Navidad”. Esa Navidad
victoriana con árbol de Navidad, pavo, pudding y villancicos. Sin duda
un ritual de belleza que terminó por obnubilar el verdadero sentido de
esta fecha. La tradición germana de congregarse en torno a un árbol de
Navidad fue exportada por Alberto de Saxo Coburgo al Reino Unido y desde
ahí al mundo. Hoy el árbol reemplazó al pesebre y el verdadero sentido
quedó tapado por el “día de los regalos”. La figura del Nikolaus,
inspirada en el santo Armenio, San Nicolás de Myra quien hacía regalos
para el día del nacimiento de Cristo se combinó con el culto a Odin
completando lo que sería conocido en el Reino Unido como papa Noel. La
idea del espíritu de la Navidad, que como dios germano cruza el cielo en
un carro tirado por animales. Thor, dios del trueno, cruza el
firmamento con un carro tirado por cabras, Freia, diosa de la belleza,
con un carro tirado por gatos y ahora Papá Noel en un carro tirado por
renos. Esta figura cruza el Atlántico y se convierte en Santa Claus,
engorda y se viste de rojo como símbolo de la sociedad de consumo, que
reemplaza el ser por el tener. Se pone la felicidad en donde esta no
está y produce un vacío interior que termina por popularizar los
químicos para dejar de sentir el vacío. Se pierde el sentido de
trascendencia.
Esta
mezcla producida en la era de abundancia y progreso, también se combina
con la era del secularismo. La no certeza de la existencia de Dios y la
duda sobre la inmortalidad del alma serán la tónica de la época. La
fiesta se reinventó desde un sentido pagano que se vació de cristianismo
y fue abrazada por todas las religiones como una época de tregua para
enfocarse en los buenos deseos, en una época que ya no cree en la
verdad, el bien y la belleza como algo objetivo.
Las
religiones de sustitución llegaron para reemplazar a la verdadera
religión. Esa que como dice Tolkien tiene el verdadero mito, ese que da
sentido a toda la realidad. Esa eucatastrofe que renueva la tierra, el
mundo y las almas. La que nos recuerda
que somos seres trascendentes y que la verdadera realidad está más allá
de nuestra inmanencia. Como diría George MacDonald, teólogo y escritor
escocés y padre de la fantasía moderna, “no es que seamos cuerpo y
tengamos alma. Somos alma, que tiene cuerpo”. Eso es lo que se nos
olvida. No somos una especie más que evoluciona, tenemos mismidad. Somos
seres libres porque Dios nos hizo a su imagen y semejanza, por eso
tenemos dignidad intrínseca y valemos por nosotros mismos. Somos
persona, casa uno distinto al otro, imposibles de emular. No somos
colectivos, somos individuos con un alma inmortal y de naturaleza
racional. Esa alma individual desea ser feliz y esa felicidad está en el
camino del bien. Es por eso que este día es esencial ya que el mismo
Dios decidió encarnarse para amar. Con el amor verdadero, ese que da la
vida por el amado, murió en la Cruz para abrirnos las puertas al cielo y
superar nuestra naturaleza caída. Hoy es ese día de infinito amor en
el que Dios, ese que lo es todo, lo tiene todo, no le falta nada decidió
hacerse hombre, algo finito y mortal por amor a todas sus criaturas.
Hoy es el día de la mayor humildad jamás vista, por lo mismo es el día
en el que Dios, desde Cristo mostró toda su grandeza. Nació en un
pesebre en sencillez y será visitado por pastores y reyes. Unirá a la
humanidad, sin lucha de clases. Hoy es el día que se ilumina el mundo se
renueva el ciclo y sí nosotros tenemos la oportunidad de enmendar y
corregir nuestras vidas. Esto que es para el individuo lo es también
para la
sociedad y sin duda para nuestro Chile. Que la luz del Señor ilumine
nuestras almas y nos guie para avanzar hacia el camino del bien.