En estos casi nueve meses de pandemia en Chile (3 de marzo pasado se constató al primer contagiado) hemos escuchado vociferar a muchos personeros, cada cual con su diagnóstico, cada cual con sus pronósticos y cada cual aprovechando su minuto para entregar una declaración con graves sesgos ideológicos. Cuando aún la mayor preocupación sanitaria es cómo salir de esta grave problemática, muchos se ponen a planificar un futuro electoral. Cuando hoy hay grandes preocupaciones que nos debieran concentrar, como por ejemplo, ¿qué va a pasar con la educación chilena en los próximos meses? Ese es un problema, eso es algo que debemos sentarnos a planificar y ver cómo lo sacaremos adelante, por nuestros niños, adolescentes y jóvenes, que encerrados no la están pasando muy bien. En Magallanes ya hay muchos colegios privados que incluso han adelantado que desde marzo seguirán en modo online. Pero hay muchos personeros -amparados por algunos opinólogos mediáticos- que aún siguen desgastándose en criticar y a ensalzar a otros, a los más viscerales, por ejemplo, que son los que atacaron y amenazaron por correo a la presidenta del Colegio Médico, Izkia Siches, o en su oportunidad al propio ministro de Salud, Jaime Mañalaich. Ahí, en medio de ellos están aquellos miles de chilenos que han perdido el trabajo en los últimos días y que deberán tratar de salir adelante en un país empobrecido, un país al que muchos compatriotas les faltará la comida, pero para los que aprovechan de politizar esta pandemia es mejor hablar del futuro político del país, tratando de instalar a candidatos a constituyentes afuerinos que buscar una verdadera solución. ¿En qué momento esos personeros políticos -entre los que hay muchos alcaldes y está plagado también de los ex, que hoy tienen soluciones para todo, pero cuando fueron autoridades no hicieron nada- se transformaron en epidemiólogos? Esos que salen en matinales, escriben y dicen cuñas rimbombantes en radio, ¿por qué no contribuyen en dar soluciones a lo que nos pasa? Hay otros también que están al ritmo del Twitter exigiendo muchas cosas, denunciando otras y opinando con total desparpajo.