Ni blanco ni negro… quizás nuevos grises

En estos días diversos análisis sobre el segundo aniversario del gobierno del Presidente Boric han transitado desde la gestión realizadora, que le ha cambiado la vida a las personas, hasta es uno de los peores gobiernos de la historia, con un Chile estancado social y económicamente. Yo creo que ni lo uno ni lo otro, sólo que del dicho al hecho, entre lo prometido y lo concretado, hay una diferencia abrumadora. El problema de evaluar al gobierno no es si ha hecho una buena gestión, sino cuales son las herramientas que han utilizado. Porque en su crítica a la concertación y a la derecha estaba el compromiso de inventar la vía chilena al bienestar sin las recetas repetidas. Este gobierno se autoimpuso el objetivo de avanzar hacia la consolidación de un proyecto transformador, con una nueva forma de hacer política y conducir el País. Creo que esa idea, esa promesa, es fundamental al momento de evaluar la gestión del gobierno del Presidente Boric, de otro modo pese a los buenos resultados sigue siendo más de lo mismo.

A dos años de gestión está claro que se está muy lejos de avanzar hacia un gobierno transformador y a pesar de que algunos mantengan la tesis de concretar el programa de campaña, los hechos evidencian un cambio de rumbo. El pragmatismo, el sentido de realidad, se ha apoderado de la acción y prioridades del presidente a tal punto de que aquellos estilos, métodos o acciones que antes fueron objeto de crítica dura y muchas veces despiadada (injusta para nosotros), hoy son parte de los hechos destacados por la actual administración. Enrostrar la mayor seguridad en la Araucanía con un estado de excepción permanente, el mayor control migratorio en el norte militarizando la frontera, celebrar la mayor inversión con TPP11, son algunos ejemplos de lo contradictorio de la gestión, de lo lejos que estamos de las premisas que impulsaban la revolución en democracia, y que ilusionaron y generaron tantas expectativas en la población. 

A dos años de Gobierno es saludable preguntarse qué es lo nuevo, en que quedó la tesis rupturista, transformadora, esa diferenciación a los 30 años tan criticados. Hasta ahora lo nuevo sólo puede ser evaluado desde lo etario, desde la irrupción de mandatarios y liderazgos jóvenes. Lamentablemente el FA y su rápido ascenso al poder ganando elecciones no fue de la mano de la preparación necesaria para el ejercicio de entender cómo funciona el Estado, el gobierno y el País. Resulta evidente que no estaban preparados para gobernar, para el desafío de pasar de la crítica, siendo oposición, al escenario de proponer alternativas, siendo gobierno. Sin tapujo hoy impulsamos y aprobamos los proyectos que le cuestionamos o rechazamos a gobiernos anteriores. Lo que es peor, los presentamos como logros.

El Presidente Boric ha tenido autocritica y evolución, no así los mandos medios y las vocerías de Apruebo Dignidad. Gobernar para todos los chilenos muchas veces implica y obliga gradualidad y concesiones dolorosas. Hubo una tendencia en el FA a rechazar o condenar de la peor manera a los gobiernos o fuerzas políticas cuando cedían o negociaban algunas visiones y epítetos de corruptos, amarillos, traidores o fachos fueron usados con liviandad; sin embargo, ahora que son gobierno mantienen silencios sepulcrales. Días atrás leía a un actor local autodefinirse amarillo con algo de ambigüedad en la definición, sin mayor claridad si era positivo o negativo, haciendo alusión al pragmatismo de gobernar. Lo sorprendente es que sin cuestionamiento se posterga la discusión y los argumentos sobre los auto calificativos que nos identifican en este periodo, por ello el “Seguimos” pasa a ser sólo una muletilla, sin esa obligada mirada ideológica. Puede que se esté haciendo lo que hay que hacer, pero ello no implica que se haga lo prometido y se base en las ideas que los llevó al poder. Hay que entender que gobernar es difícil y nada tiene que ver con la falta de voluntad. 

Tengo la impresión que una parte de Apruebo Dignidad sigue pegado en su mirada opositora a los 30 años sin darse tiempo para evaluar que transitan hacia una versión 3.0 de la Concertación. En ello, se ha postergado una mirada de futuro, a ese Chile que está por venir y requiere nuevas formas, nuevas tesis, nuevas soluciones para gobernar. Poco se ha notado el gobierno ciudadano, feminista y ecológico. Como aseguraba Winter se ha abandonado la batalla ideológica. Por mi parte, sigo creyendo que las ideas que llevaron al presidente a la Moneda son un correcto diagnóstico de los problemas del País; sin embargo, lo que queda pendiente, y en este periodo serán irresolutas, es como les damos solución a esas necesidades dentro de un marco democrático, como avanzamos a construir ese Chile más justo, digno y solidario.

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