Un
difícil inicio de año tuvieron los jóvenes chilenos que rindieron por
primera vez la prueba PAES, a la cual se sometieron el pasado 28, 29 y
30 de noviembre de 2022, que se aplica
por primera vez en el proceso de admisión 2023, para acceder a la
educación universitaria, que reformuló las preguntas, reemplazó el
sistema de medición de los conocimientos, procurando establecer un
sistema de medición de competencias, generando nuevos puntajes y
modificando todos los instrumentos de acceso, especialmente el NEM y el
Ránking de notas. O sea, los expertos han hecho todo lo posible para
mediante diversas escalas y artilugios sortear los obstáculos, que en su
concepto importan discriminación y segregación.
A
pesar de los intentos estadísticos y experimentos pedagógicos, que a
estas alturas se evidencian todos fallidos, la experiencia y los
resultados son categóricos, un nuevo fracaso, donde una vez más la
educación pública, sea ésta administrada por los nuevos Servicios
Locales de Educación o por las Corporaciones Municipales
de Educación o directamente por los municipios, no sale bien
posicionada. En nuestra región, a nivel local el Liceo Juan Bautista
Contardi, consigue puntajes que los sitúan en el décimo lugar, todos los
demás quedaron atrás.
O
sea, a pesar de los cambios introducidos no se generó un sistema más
equitativo y con mayores oportunidades para acceder a la educación
universitaria, al fin y al cabo, llegado el momento de las mediciones
los resultados no mejoran, ni en conocimientos ni competencias. La
finalidad, de la nueva prueba era que se dejarán de medir sólo los
conocimientos acumulados y se evaluaran también destrezas y habilidades.
Sin embargo, los resultados son magros en el saber y en el saber
hacer.
En
síntesis, a pesar de los esfuerzos del Comité Técnico de Acceso al
Subsistema Universitario, compuesto por siete rectores de universidades y
presidido por el Subsecretario de Educación Superior, que generó el
nuevo sistema de evaluación de competencias que se estimaron necesarias e
indispensables para el buen desempeño de los estudiantes en la
educación superior, ha sido un nuevo intento fallido, que es una prueba
categórica que el diseño no puede descender desde lo alto, sino se da
cuenta de las condiciones reales en que se presta el servicio educativo,
en los establecimientos de administración pública, esta vez nuevamente
han perdido por goleada, entre paros, tomas y violencia estudiantil
inconducente.
Lamentablemente,
la brecha se ensancha, no disminuye, y se generan otras nuevas,
cualesquiera sean los instrumentos de medición, a los cuales se adaptan
con mayor facilidad quienes disponen de mayores recursos y son capaces
de innovar permanentemente en la gestión. Lo cierto es que la reforma
no ha hecho sino agudizar las contradicciones, constituyendo un
formidable instrumento de fomento para la educación particular y
particular subvencionada. La PAES, mostró la peor cara del sistema, uno
que no genera conocimientos ni competencias, sólo proporciona cobertura.
Aún más, aunque el sistema fuese de libre acceso, sin mediciones ni
pruebas, las brecha continuaría, pues esta no se termina ni con decretos
ni con modificaciones puramente estadísticas.