En
la recta final por la carrera a la Presidencia de la República ni los
abuelos se salvan, fue así como salió la imputación de “hijo de
terrorista” a Marco Enríquez-Ominami, que más bien parece galán de
teleserie, y se ve casi inofensivo, especulativo, sin más semejanza con
su progenitor que su hablar sin pausa. No podía faltar la réplica, hijo
de nazi, del soldado Michael Kast, con toda la carga simbólica que ello
implica, imputación grave cuando se asocia a la idea a los movimientos
de extrema derecha que surgen en Alemania, y que tienen su versión
criolla, matonesca y marginal en nuestro querido Chile. Por cierto José
Antonio Kast, tampoco se corresponde con el estereotipo de un cabeza
rapada. Es que en política importa más la imagen
y la caricatura que la realidad. Lo cierto es que nuestros candidatos
son bastante más inofensivos, y parece ser que ninguno de ellos tiene
opciones reales de portar la piocha de O’Higgins.
Desafortunadamente
para sus pretensiones, de esas imputaciones en política algo queda, se
aspira no a persuadir sino que recurrir a las emociones mas ocultas, a
los fantasmas y temores, para enrostrar al otro no sus responsabilidades
por el hecho de sus progenitores, que por cierto no les asiste, sino
que para enlodar, desprestigiar y cuestionar las credenciales
democráticas del adversario.
En
realidad más deberíamos preocuparnos de las propuestas, de los
Programas de Gobierno, de los contenidos, de los intereses que existen
detrás de éstos, de cuáles son las posibilidades reales de concretarlos
y por cierto de la historia personal de cada uno de ellos, de los
hechos, actitudes, reacciones y de su compromiso personal con la
democracia y los cambios institucionales en curso.
No
se responde por los padres o por los abuelos, por lo que hicieron o no
hicieron, la responsabilidad política no es heredable, pero si cada
candidato responde por la Constitución, por las pensiones , por la salud
y por la educación que nos dejaron, cuando participaron del Gobierno o
legislaron.
A
escasos días de las elecciones presidenciales aún los programas son
difusos, no están claras para muchos chilenos cuáles son las propuestas,
cuáles son las diferencias, solo se han presentado intenciones pero no
programas de Gobierno, capaces de ser ejecutados por equipos
experimentados capaces de liderar y posibilitar las políticas públicas
que requiere el país. Ese margen
de incertidumbre interesa más a los chilenos que cómo se comportó el
papá o el abuelo de algún presidenciable, las responsabilidades
políticas y personales ya fueron enterradas con sus progenitores, cada
cuál sacará sus cuentas y evaluará en su mérito que hubo de transmisible
de esas experiencias vitales de los Enríquez y de los Kast.
Conforme
se avanza en la carrera a La Moneda y se está atento a las encuestas
los integrantes de esta fronda no aparecen en el horizonte de Chile,
quizá porque la transmisión de toda historia familiar es incompleta y a
veces apenas nos roza, no basta ser hijo de tigre para salir con rayas.