Ni
restar (se) ni dividir. Es un contrapunto a una columna de opinión
anterior, “Sumar y multiplicar”. Claro está, nuestra natural disposición
debe, debería ser, per se, sumar, añadir, multiplicar, duplicar,
triplicar, ¡qué se yo! Restar o restarse es posible, pero no como una
actitud de naturaleza persistente. Dividir, dividir ¡no! Me refiero a
“desunir los ánimos y voluntades introduciendo discordia”, ¡no!, per se,
o por sí mismo.
Es
necesario detenerse antes, reflexionar. Explicitar de modo claro qué se
quiere, qué se desea, y luego contrastar con la opinión del tú. Es muy
posible que haya discrepancia, nacida u originada de las raíces
diferentes, de las distintas experiencias de vida de uno y otro, y
prefiero decir, uno y otro y no uno u otro. Es que me nace más, unir,
usar las conjunciones copulativas “y”, “e”, y no las conjunciones
disyuntivas “o”, “u”, según sea el caso. ¿Se entiende?
Prosigo.
Restar o restarse implica restricción, desacuerdo, disensión y, quizás,
disputa, discordia, desavenencia. Todo se puede originar nada más en
matices de significación diferentes y, antes, en una comprensión
distinta de lo que se comunica o expresa. Hay que buscar ese origen,
quizás, analizarlo, entenderlo, y buscar nuevamente la avenencia, el
entendimiento, el acuerdo. Y comenzar de nuevo, tal vez, varias veces.
En esa búsqueda, incesante, se debe concordar en la meta, en el fin, en
el bien común. Establecido ello, el qué, se debe concordar en los
mecanismos, en los instrumentos, en los medios, es decir, en el cómo.
Reitero.
Restar tiene como efecto, separar, apartar, si no, minar el empeño, la
decisión de uno cuando se cree tener la razón, la verdad; a su vez,
restarse tiene como efecto frenar, contener, suspender, si no,
paralizarse. Y esto, si se refiere a las personas, a su desarrollo, a su
crecimiento, a su confort implica retroceso, rechazo, atraso, dilación.
¿En qué deberíamos concordar? En educación, en salud, en justicia, en más educación, en vivienda, en alimentación, en mejor educación, en respeto, en dignidad, en trabajo decente, en más educación, en solidaridad, en buen trato, y muchos derivados.
Dividir
implica desagregar, fraccionar, separar y, por consiguiente, desunir,
distanciar, tal vez, romper. Luego, el ánimo, el buen ánimo se achata,
disminuyen las fuerzas, cambia el ritmo habitual, la capacidad de
observación y de análisis se nubla.
¿Cómo
comienza todo? Quizás de un modo inocente, simple. La no comprensión
entre dos bien puede originarse, simplemente, en que uno y otro no
comprenden bien lo tratado, lo analizado, y la diferencia solo estriba
en que uno y otro no aprehenden, no interpretan del mismo modo el
asunto. Y es legítimo, muy legítimo que así sea, porque se trata de dos
personas distintas, con experiencias de vida diferentes, visiones de
mundo distintas. Sin embargo, la interacción sostenida, que sí hay que
alentar, debe dar frutos de concordia, de acuerdo, de consenso. Hay que
perseverar en la búsqueda de puntos de acuerdo, ¡por favor!
Raya
para la suma: restar, dividir, tratadas como operaciones matemáticas,
bien, pero no deben trasladarse a las acciones del diario (con) vivir.
Restar, restarse, no; sumar, sumarse, sí. Dividir, no; multiplicar, sí. ¡Ensayemos! ¡Intentémoslo!