Una
vez más nos sorprende el verano con un incendio forestal de grandes
proporciones, que en sus distintos focos genera cuantiosas perdidas no
sólo económicas, sino que en vidas humanas y secuelas para la salud como
dificultades cardiacas y respiratorias que deberán soportar los
sectores más carenciados de la población. No existe Gobierno capaz de
garantizar que no existirán siniestros o que éstos serán atacadas con
eficacia y prontitud, ni siquiera en los Estados Unidos, han podido
evitar siniestros de grandes magnitudes ni en Brasil, por lo que las
críticas al Gobierno han sido destempladas. Con todo, efectivamente
existen aspectos que se han dilatado en exceso, como es la
especialización del personal de CONAF, que ésta efectivamente se
transforme en un servicio público, con efectivos permanentes, capacidad y
facultades efectivas de control y sanción, que definitivamente se
invierta en una flota de aviones cisternas de primer nivel. En este
sentido, nuevamente se mezclan los temas, en este caso con el royalty
forestal, en circunstancias que éste sector que por años se ha
beneficiado de subsidios estatales, entendemos puede hacer un mayor
esfuerzo, que por cierto debe analizarse en detalle, lo que no puede el
Gobierno, es incurrir en continuas contradicciones, cuando no en
descalificaciones entre los mismos personeros de Gobierno.
La
intencionalidad en los incendios se debe investigar caso a caso, de lo
contrario se incurre en el prejuicio y la descalificación, hasta el
momento se desconocen autores y si efectivamente se trata de actos
intencionales, imprudentes o una mezcla de todos ellos, por lo que una
vez más no se puede confiar en las noticias falsas, tendenciosas o que
no están corroboradas en una investigación profesional y técnica. Es
probable que uno o más focos se hayan generado intencionalmente, pero
esto no explica todos los siniestros, todos los incendios y aún si
fuere ese el problema no se resuelve con imputaciones o declaraciones
sobre el Royalty forestal, el problema no es sólo tributario, sino que
Chile, si aspira a que
se desarrolle de un modo sustentable su industria forestal, debe
necesariamente tener un sistema eficaz de control de incendios, caso
contrario año tras año tendremos la misma historia, cualquiera sea el
agente o la naturaleza del siniestro.
Con
todo, lo peor es que ante cualquier siniestro se nos incendie el
Gobierno, las instituciones y no existan políticas públicas preventivas y
eficaces para actuar con prontitud, que no se invierta lo suficiente en
equipos adecuados y cada cierto tiempo tengamos que recurrir a la
caridad pública para bomberos, improvisar en brigadistas o recurrir a la
solidaridad internacional. Especial relevancia tienen
los Parques Nacionales para nuestra región, donde Conaf realiza
tremendos esfuerzos para su conservación, a pesar de lo cual no se
retribuye adecuadamente a su personal, como se demostró recientemente
con su paralización de actividades. Definitivamente, la clase
política no da el ancho,
no pierde el tiempo ni siquiera en medio del siniestro para debates
menores que en nada contribuyen, en realidad hace ya tiempo que el
Congreso es la institución más desprestigiada del país porque aun en
estos momentos
sólo les interesa la selfie o aprovechar para correr el cerco con el
Royalty forestal, dejando la tarea para el próximo Gobierno, a sabiendas
que muy probablemente éste no dejará herederos. O sea, para nunca
jamás.